“El que se encadena a una alegrรญa, destruye una vida libre; pero el que besa la alegrรญa en su vuelo, vive el amanecer de la eternidad”
William Blake

Blog de Antonio J. Alonso Sampedro
Duda razonable y reflexiรณn
No lo puedo evitar y como tantos, tambiรฉn soy un mitรณmano musical. El irresistible influjo de los รฉxitos pasados de orquestas, directores, solistas y cantantes, imantan mi interรฉs por lo que fueron y sin necesidad de que lo sigan siendo, esto รบltimo en el caso de las orquestas, cuya vida trasciende la humana, convirtiรฉndose en longevas banderas culturales de los paรญses o ciudades que las promueven para disfrute de propios y de los extraรฑos que las escuchamos cuando nos vienen a visitar.
Uno de los mitos orquestales del siglo pasado es la Orquesta Filarmรณnica Checa, por su ininterrumpida excelencia musical desde que fuera creada a finales del siglo XIX y cuyo primer concierto con el nombre por el que hoy la conocemos lo dirigiรณ Antonรญn Dvoลรกk interpretando obras suyas, algo que ayer no podรญa olvidar. Como tampoco su histรณrica nรณmina de directores titulares, entre los que destacan Rafael Kubelik, Karel Anฤerl, Vรกclav Neumann, Jiลรญ Bฤlohlรกvek, Vladรญmir Ashkenazi, Eliahu Inbal o el Semyon Bychkov de la actualidad.
En efecto, el programa del Abono 27 del Palau de la Mรบsica de Valencia para esta temporada 2023-24 estaba dedicado a Dvoลรกk, con una obertura (โEn el reino de la naturalezaโ) y dos de sus composiciones mรกs reconocidas (el โConcierto para violonchelo y orquesta en sรญ menorโ de 1895 y la โSinfonรญa nรบmero 8 en sol mayorโ de 1889), interpretadas por la orquesta de referencia para este fascinante compositor nacido en uno de los paรญses europeos con mayor tradiciรณn musical.
Hace unos treinta aรฑos asistรญ, en el mismo Palau de la Mรบsica, a una histรณrica interpretaciรณn del citado โConcierto para violoncheloโ a cargo de Mstislav Rostropรณvich, a quien recuerdo con su personal expresiรณn facial y sentado sobre un pedestal a la izquierda de la orquesta (no sรฉ cuรกl), mientras yo escuchaba rendido ante aquel mito viviente, amigo de la reina que pone nombre al Palau de Les Arts. Su vibrante interpretaciรณn distรณ mucho de la que ayer pudimos escuchar a Semyon Bychkov y Pablo Fernรกndez, ambos responsables de una versiรณn edulcorada que se aleja en exceso del canon romรกntico que propugna el bรฉlico enfrentamiento entre orquesta y solista instrumental.
Yo dirรญa que el joven y aclamado Pablo Fernรกndez es afรญn en su intenciรณn interpretativa al pianista espaรฑol Javier Perianes, porque ambos buscan ese sonido satinado que suma poesรญa, pero resta contundencia y dinamicidad. Ademรกs, a esto se vino a juntar la impronta de un Bychkov que limรณ asperezas y fortalezas a la Orquesta Filarmรณnica Checa, llegando todos a un resultado esteticista, pero falto de contrastes y de la energรญa esperada en este concierto que pide mรกs y mรกs.
Lo que fue antes falta resultรณ luego idoneidad en la Sinfonรญa nรบmero 8, cuya partitura, toda ella de una bella amabilidad, fue interpretada de manera magistral, continuando con ese sonido almibarado que esta obra sรญ pide y es capital. Destacรณ la portentosa secciรณn de cuerdas (violines primeros en especial) y unos metales cuya delicadeza les hacรญa parecer cรกlidas maderas, ademรกs de la metrรณnoma percusiรณn siempre ajustada en cada golpe de timbal.
Tres reconocibles propinas cerraron esta clamorosa noche de รฉxito para un pรบblico que, a diferencia de antaรฑo, no termina de llenar la Sala Iturbi (si no es con estas orquestas estrellaโฆ ยฟcuรกndo lo serรก?) y que en mi opiniรณn fue desigual…
La pertenencia de una รณpera al repertorio actual no siempre responde solo al favor popular, pues en algunas influyen otras consideraciones defendidas por los programadores y los medios de comunicaciรณn, como por ejemplo su trascendencia histรณrica al ser principio de algo o en ocasiones incluso final.
Esto le ocurre a โOrfeo y Eurรญdiceโ (C. W. Gluck-1762), una obra que nace con la pretensiรณn de reformar la รณpera seria italiana (la que conocemos como รณpera barroca), cuyos mรกximos exponentes fueron el compositor alemรกn Georg Friedrich Hรคndel, el libretista italiano Pietro Metastasio y el โcastratoโ Farinelli, empeรฑados ante todo en lucir sus artes aรฑadiendo a las obras mรกs y mรกs complejidad. Gluck, en cambio, tratรณ de simplificar buscando un cierto minimalismo musical, suprimiendo los recitativos โseccosโ (los suyos suelen incorporar un discreto acompaรฑamiento orquestal), las arias โda capoโ (pues ya no busca ese canto melismรกtico con gran virtuosismo vocal) y a la manera de la tragedia griega, devolviendo a la acciรณn dramรกtica su papel principal. Todo ello tuvo gran influencia posterior (Mozart, Beethoven o Wagner), pero como cualquier intento precursor, no llega a la maestrรญa que el desarrollo ulterior lograrรญa alcanzar.
Y es que, eliminados los ornamentos de su mรบsica y de la interpretaciรณn vocal, โOrfeo y Eurรญdiceโ resulta un tanto llana al escucharla entera y sin soluciรณn de continuidad, tal como ocurre en una representaciรณn teatral. No tanto, claro, si nos limitamos solo a ciertos pasajes como la โDanza de los espรญritus bienaventuradosโ (Acto II-Escena II) o la famosa aria โChe farรฒ senza Euridiceโ (Acto III-Escena I), igualmente sencillos y tristes, si bien plenos de armonรญa e inspiraciรณn emocional. Y digo tristes porque toda la obra destila un lastimero y doliente decaimiento del que no se libran ni los supuestos momentos de felicidad (algo que mรกs tarde escucharemos en el โLiedโ alemรกn). Por tanto, ante el espectador actual, la puesta en escena de esta รณpera deviene en un factor de รฉxito crucial, pues debe ser capaz de aportar una lectura que consiga dinamizar ese valle de homogeneidad musical.
Les Arts estrenรณ ayer โOrfeo y Eurรญdiceโ (versiรณn vienesa) en una coproducciรณn de cuatro teatros (nutrida mancomunidad, pues parece que en estos tiempos ya nadie tiene presupuesto para afrontar una producciรณn en soledad) y tambiรฉn con cuatro representaciones (un par menos de lo habitual), habida cuenta de que este tipo de mรบsica preliminar de la รณpera romรกntica no atrae del todo al pรบblico en general.
En esta ocasiรณn, la escenografรญa propuesta por Robert Carsen sumรณ en lugar de restar. Y es que, casi siempre menos es mรกs, en especial cuando se trata de traer la historia a la actualidad. Un desnudo pรกramo es el continente de esta obra cuya acciรณn se podrรญa contar en solo un par de lรญneas, pero que aquรญ resulta amena por la gran labor actoral de coro y solistas, todos al servicio de una imagen plรกstica tan artรญstica (escena de las candelas y los espรญritus ensabanados, por ejemplo) como ingeniosa en el movimiento de personajes (escena entre Orfeo y Eurรญdice, que no se pueden mirar a la vez que nos deben mirar para cantar). Todos los personajes visten a lo “Bodas de sangre”, en un blanco y negro eclipsador de cualquier motivo ajeno a la adversidad que representa una sencilla tumba, puerta de entrada al tenebroso mรกs allรก.
En lo musical, el director principal de “Les Musiciens du Prince-Mรณnaco”, Gianluca Capuano, nos presentรณ una versiรณn acelerada (85 minutos) de esta รณpera, algo que no la suele mejorar. Estoy con Celibidache y su pausada solemnidad, pues lo contrario (compรกrese la enloquecida versiรณn grabada en el 53 por Glen Gould de las โVariaciones Goldbergโ con su mรกs reposada de 1981) lleva a la trivializaciรณn musical. En este circuito de velocidad, hubo extraรฑas contradicciones como la de โChe farรฒ senza Euridiceโ, interpretada al sprint durante su primera parte para decelerar en la segunda, tanto que nunca parecรญa terminar.
A la Orquesta de la Comunidad Valenciana le ocurriรณ lo que a todas (filarmรณnicas de Berlรญn y Viena incluidas) cuando afrontan el repertorio preclรกsico y es que suenan mal. Acostumbrados al sonido โHarnoncourtโ y su revisionismo historicista, solo las formaciones especialistas en el repertorio barroco y medieval son capaces de sonar como los autores de aquellas รฉpocas imaginaron y las orquestas vinieron a interpretar. Se trata de una cuestiรณn de estilo, pues cualquier orquesta romรกntica con instrumentos originales tampoco lograrรญan alcanzar esa fidelidad.
En lo vocal, el triunfador de la velada fue el Coro de la Generalidad Valenciana, certero en estilo e inmenso en empaste y teatralidad. En la Scala o en el Metropolitan hubieran igualado cualquier rรฉcord de aplausos, sino mรกs. Y a propรณsito de esto, durante toda la representaciรณn no se aplaudiรณ ninguna intervenciรณn y no por demรฉrito de los cantantes, sino porque esta pesarosa รณpera sume al espectador en un intrรญnseco letargo que logra anestesiar cualquier intento de mostrar recompensas hasta llegar al final.
El protagonista total de la obra es Orfeo, que en aquellos tiempos lo cantaba un castrado porque era lo que solicitaba el pรบblico, aunque tenga poco de lรณgico al tratarse de una voz que no contrasta con la de Eurรญdice y ademรกs ahora no la hay. Vaya por delante que no soy fan de las voces masculinas agudas, como el tenor lรญrico ligero y en especial el contratenor, al que llego a soportar en disco, pero no en un escenario, donde imagen y voz me producen una confusiรณn identitaria que no puedo remediar. Ademรกs, los contratenores pierden parte de su cualidad vocal al emitir en falsete, algo similar a lo que ocurre con el ecualizador en un equipo de alta fidelidad. Al margen de esto (que es mi gusto personal) debo reconocer que el italiano (del Lugo de Italia) Carlo Vistoli, aunque suena grave para su cuerda, sabe cantar. Lo demostrรณ en su ininterrumpida presencia plagada de pasajes que, si en apariencia parecรญan sencillos, estaban cargados de intrรญnseca dificultad. Por otra parte, tanto Francesca Aspromonte (Eurรญdice) como Elena Galitskaya (Amor), cumplieron en sus breves papeles, destacando mรกs la segunda al conformar su personaje con gracia y expresividad. Hay que destacar que, siendo una excepciรณn, el canto ayer se pudo escuchar, pues la orquesta (en la que salรญan y entraban miembros por cada lateral) por momentos no llego a superar los veinte profesores, en otra demostraciรณn del adelgazamiento reformista propuesto por el compositor alemรกn.
En esta ocasiรณn ocurriรณ lo contrario a lo que suele ser habitual en Les Arts, pues se bajรณ el telรณn cuando el teatro permanecรญa lleno de espectadores, sentados y aplaudiendo sin parar (a las 19:30 h de un domingo no hay prisa por marchar). Fue una lรกstima que ningรบn responsable de la escenografรญa saliese a saludar para comprobar si el pรบblico coincide con el criterio que antes he intentado explicar.
Quiero finalizar significando lo que, por imposible y por insultar a la inteligencia de los demรกs, nunca se debiรณ publicar. Tras las numerosas quejas de aficionados y medios de comunicaciรณn solicitando la restituciรณn de los programas de mano impresos, Les Arts incluye ahora en su Web una pรกgina titulada โLes Arts en un mundo cambianteโ, donde explica su nueva polรญtica de sostenibilidad. Entre otras medidas adoptadas estรก la de restringir los programas solo a lo digital y como prueba de acierto se indica que โ…la supresiรณn de programas de mano en 12 espectรกculos ha significado un ahorro de 24,84 toneladas de papelโฆโ. Pues bien, calculando con extrema generosidad, si la Sala Principal de Les Arts cuenta con 1.412 localidades y cada espectรกculo se ofrece en, como mรกximo, 6 representaciones, ello supondrรก unos 8.472 programas por tรญtulo que, siendo 12, arrojarรญa un total de 101.664, cuyo peso por unidad deberรก ser por necesidad de unos 244 gramos para asรญ lograr completar esas 24,84 toneladas de papel que esta poco matemรกtica instituciรณn se elogia en ahorrar. Es decir, que para ser esto real, uno solo de los programas de mano equivaldrรญa a un par de ejemplares juntos de โCien aรฑos de soledadโ. “Sostenibilidad”, ese disfraz que viste cualquier desmรกn…
Muchas y meritorias son las grabaciones disponibles de esta obra, aunque cabe significar la versiรณn en italiano (1762) de Sigiswald Kuijken y Renรฉ Jacobs (Orfeo-contratenor) con los instrumentos originales de La Petite Bande y el Collegium Vocale Gent, para ACCENT en 1982. Respecto de la versiรณn adaptada al francรฉs por Gluck en 1774 e instrumentada por Berlioz en 1859, destaca el pasional registro de John Eliot Gardiner con la Orquesta de la รpera de Lyon, el Coro Monteverdi, Anne Sofie von Otter (Orfeo-mezzosoprano) y Barbara Hendricks, para EMI en 1989. Al parecer, el papel de Orfeo ejerce de imรกn para muchos cantantes, sea cual fuere su cuerda, como podemos apreciar en 1968, cuando el romanticista Karl Richter dirigiรณ una grabaciรณn para DG con el gran barรญtono alemรกn Dietrich Fischer-Dieskau en el papel de un insรณlito Orfeo por su varonil tonalidad. Incluso el belcantista Juan Diego Flรณrez (tenor lรญrico ligero) dirigido por Jesรบs Lรณpez-Cobos para DECCA, en 2010 y en francรฉs lo quiso intentar.
