Bad Bunny y su público incondicional… ¿A quién condenar?

Que a los cantantes de la llamada Música Ligera no hay que pedirles lo que a los de la Ópera es lógico y hasta justificable, dada su marcada orientación popular. Sin embargo, no por ello quienes pueblan las radio-fórmulas deberían olvidar lo que es cantar en sus términos de respiración, tono, ritmo, dicción y voz, aunque solo sea desde un mínimo respeto al buen gusto y a la calidad.

Recurrir a ejemplos que evidencien el progresivo deterioro de la interpretación vocal en la Música Ligera desde el siglo pasado hasta estos días solo llevaría a que alguien también nombrase algún caso aceptable actual, presentando la excepción como tónica general. Aun así, no me resisto a citar al personaje que ahora moviliza más fans y expectación mundial: Bud Bunny y su incomprensible manera de cantar.

Cantar debajo de un puchero, hoy es el epítome de una juvenil y desnortada excelencia musical. Pero tal irregularidad vocal no condena al causante, sino a quienes lo elevan al trono del éxito universal…

“Julio César en Egipto” (G. F. Händel-1724) / Palau Les Arts Valencia / 28-02-2026

COMPOSICIÓN MUSICAL8
DIRECCIÓN ESCENOGRÁFICA (Vicent Boussard)8,6
1-Escenografía (Frank Philipp Schlößmann)9
2-Vestuario (Christian Lacroix)8
3-Iluminación (Andreas Grüter)9
DIRECCIÓN MUSICAL (Marc Minkowski)9
CORO GENERALITAT VALENCIANA (Jordi Blanch)8
VOCES SOLISTAS8
1-“Julio César” (Aryeh Nussbaum Cohen)9
2-“Cleopatra” (Marina Monzó)9
3-“Cornelia” (Sara Mingardo)8
4-“Sesto” (Arianna Venditelli)7
5-“Tolomeo” (Cameron Shahbazi)8
6-“Achilla” (Jean-Philippe McClish)7
RESPUESTA DEL PÚBLICO9
VALORACIÓN GENERAL8,4

“Eugenio Oneguin”/Palau de les Les Arts-Valencia/20-01-2026

1- DIRECCIÓN ESCENOGRÁFICA (Laurent Pelly)9
2- DIRECCIÓN MUSICAL (Timur Zangiev)
Y ORQUESTA COMUNITAT VALENCIANA
7
3- CORO GENERALITAT VALENCIANA8
4- VOCES SOLISTAS (media)7,4
ONEGUIN (Mattia Olivieri)7
TATIANA (Corinne Winters)6
LENSKI (Iván Ayón-Rivas en sustitución de Dmytri Korchak)7
OLGA (Ksenia Dudnikova)8
GREMIN (Giorgi Manoshvili)9
VALORACIÓN GENERAL (media 1-2-3-4)7,8

El silencio será mi ganado aliado para escuchar…

Finaliza 2025 y con él las crónicas musicales de mis visitas al Palau de la Música y al de Les Arts de Valencia, que vengo escribiendo desde 2009 en mi Blog personal. Al trasladar sin censura mi opinión (porque no concibo otra manera de comunicar) he intentado salvaguardar lo que solo es mi verdad, ajeno a cualquier concesión al bien quedar. Decir lo que no apetece escuchar es garantía de marginalidad, un impuesto que debe pagar todo aquel que pretende seguir su propio caminar. Acudir a todos los estrenos y publicar al día siguiente sin nunca faltar durante tres lustros, priorizando sobre lo demás, ha sido una obligación autoimpuesta y altruista de la que, a mis 64 años, ya me quiero jubilar. Voy a descansar y acudir a los espectáculos dejándome llevar, liberado de los análisis ontológicos y los recordatorios de mi memoria huidiza, que en la mayoría de las ocasiones no me han permitido del todo disfrutar. Seguiré valorando… con números y sin palabras que los puedan explicar. La música ahora me acompañará ausentándome de hablar, pues el silencio será mi ganado aliado para escuchar…

“Luisa Miller”… FAMOSA vuelve por Navidad [6,6]

Tras el interludio que ha supuesto “Enemigo del pueblo” no cabe mayor contraste de calidad, pues regresa la Ópera al Palau de Les Arts de Valencia con uno de los dos compositores que en la historia del teatro lírico más han podido brillar.

Cuando “Luisa Miller” (G. Verdi-1849) se estrenó en el San Carlo de Nápoles, ese escenario ya contaba con 112 años de edad, siendo hoy el más veterano en activo de cuantos podamos visitar. Yo lo hice en la primavera del 2012 (“El San Carlo, entre la Ópera y el Fútbol“), con motivo de una “Boheme” que me resultó muy regular. Para desquitarme, crucé la calle y en la Galleria Umberto I acerté al comprar una americana (de ocasión, claro, en la prohibitiva tienda de Antonio Barbaro), que aún hoy visto en los estrenos de Les Arts, porque el público que acude a una representación de ópera debe honrar el arte que va a presenciar y así no desentonar al ser también parte del ritual. Uno de los detalles curiosos del San Carlo es su singular reloj situado en el arco del proscenio, al girar las horas y mantenerse fija la manecilla que las indica, representada por el brazo de una figura mitológica alada acompañada de otras más. No puede haber una alegoría mejor sobre el tiempo en el teatro con mayor antigüedad, al decirnos que aquel es quien transcurre, quedando el hombre como estático testigo de su pasar.

En ”Luisa Miller”, Verdi experimentó algunas de las técnicas compositivas que solo unos pocos años después darían sus mejores resultados en la trilogía popular. Incluso “Luisa” tiene alguna semejanza con “Violeta”, ambas de procedencia humilde, algo que en este compositor no resulta muy habitual. Sin pertenecer a la primera división verdiana, “Luisa Miller” traslada todas las esencias que hacen del maestro de Busseto el más escuchado de la ópera mundial. Yo creo que lo merece por su intensa extensión autoral en sus 28 óperas (polifónicas radiografías de personajes) y por conectar con la sensibilidad de tantos aficionados, generación tras generación, rendidos a una obra genial. Aquel grito de talante libertador y nacional “¡Viva… V.E.R.D.I.!” (Viva… Vittorio Emmanuele Re d´Italia), es hoy un ¡Viva… VERDI!, estrictamente musical, de pleno derecho y sin nada exagerar.

Quiero manifestar que contar el argumento de una ópera, aquí, en un video o en cualquier conferencia de las que se suelen programar, me parece algo insustancial por cuanto la trama no suele ser lo principal y en Internet cualquiera lo puede encontrar con suma facilidad. Además, en la actualidad resulta un sinsentido por estas escenografías traslocadas que, a fuerza de excentricidad, convierten en inverosímil la historia original.

Segunda ocasión en la que esta obra llega a Les Arts, tras las representaciones de la Temporada 2008/09 que dirigió Lorin Maazel y cantó Marcelo Álvarez como estrella principal. En su estreno de ayer, se nos presentó “Luisa Miller” en una nueva producción del teatro valenciano junto al Maggio Musicale Fiorentino y con un director y cantantes para los que también este título es novedad. El resultado fue un trasunto de aquello que finalizaba diciendo… “se dirigen al portal”:

– ESCENOGRAFÍA [5] : Continuando con este inusual estado de confesión personal en el que hoy me encuentro y cuya razón se sabrá al final, quiero retornar unos cuarenta años atrás, cuando aparecí durante cinco temporadas consecutivas en la felicitación de Navidad de FAMOSA, en aquellos tiempos universitarios en los que protagonizaba anuncios de televisión para costearme los estudios y mi estancia en una Valencia que no era el domicilio familiar. Entonces todavía sonaba el célebre villancico de sus muñecas, aunque ya no aparecían con aquel mecánico andar. De dominar el mercado nacional en los setenta al concurso de acreedores actual, solo media la voracidad de un inmenso país oriental. Ayer, “Luisa” dejaba de ser una aldeana del siglo XVII para trabajar en una FAMOSA (Fábricas Agrupadas de Muñecas de Onil, S.A.) preindustrial, originalidad que hacía incompatibles los subtítulos leídos (castillo, espada, mazmorra, conde, mayordomo, etc.) con lo que podíamos presenciar (fábrica, pistola, cárcel, empresario, contable, etc.). Una vez más, confundir sin aportar. Pese a que la argentina Valentina Carrasco propuso un decorado no invasivo y con cierta calidad visual, de nuevo la desubicación temporal restó interlocución a una historia difícil así de aceptar.

– ORQUESTA Y DIRECCIÓN MUSICAL [7]: Tengo la sensación de que el nuevo director musical de Les Arts, Mark Elder, es más sinfónico que lírico o al menos eso es lo que ayer, en su estreno en el foso valenciano, vino a mostrar. Sus biografías apuntan que dirigió mucho Verdi en Australia, pero esa experiencia yo no la percibí en ningún momento y lugar. De menos a más, con una Obertura chirriante y destartalada en donde ninguna familia de instrumentos parecía acompasar, el tono fue mejorando con el oficio que da la experiencia, pero sin abandonar un algo mecánico (como en las muñecas) e impropio de la verdiana italianidad. Con excepciones, en la historia de la interpretación musical de la apasionante ópera transalpina reinan los directores de ese país, que obviamente no son quienes mejor conducen un vals, porque el origen marca y resulta muy difícil de copiar. La Orquesta de la Comunidad hizo lo que pudo o le dejó una dirección que les llevaba al portal.

– CORO [7]: Como siempre, bien empastado y actoral, pero desatado en ciertos pasajes en los que alguien debió tirar de las riendas, por más que al público le guste el músculo, aunque no aparezca en la partitura original.

– VOCES SOLISTAS [7,6]: Los medios de comunicación, siempre buscando epatar, han creado muchas expectativas con el “Rodolfo” del joven tenor anglo-italiano (más lo primero que lo segundo a juzgar por lo escuchado) Freddie De Tommaso [7], de quien dicen es reclamado por todos los teatros de la actualidad. Puede ser por su timbre energético y decibelios para dar y tirar. Sin embargo, el estilo es otro cantar y la distancia con el que para mí es referente verdiano (el Bergonzi que más abajo voy a recomendar) es sideral. Concentrado en no fallar, a su canto mecánico (otra vez) le falta espíritu y sobre todo ese arrobamiento que nos hace temblar. Pasado de peso, esto en los tenores no resulta ser una contrariedad, sino lo contrario, de forma que mejor cantan cuanto mayor es su talla abdominal. Mariangela Sicilia [8] fue una “Luisa” más que notable, con voz bien proyectada y gran dominio de las intensidades en esos transcursos desde el forte al piano que tuvieron en Caballé a la gran maestra vocal. Muy en su papel, experta en Verdi por los doce personajes que declara su repertorio, encaja en el ideal de las mujeres dolientes y despechadas y nada tiene que envidiar a las divas de la actualidad. Para mí, el barítono argentino Germán Enrique Alcántara [9] fue el triunfador de la velada, cantando un “Miller” como los de antes y muy cercano al “Rigoletto” más paternal. Sin una bella voz (su engolamiento le resta algo de personalidad) y con algún problemilla de fuelle, frasea con la convicción de quien parece que vive cada momento de verdad. Así se canta un Verdi volando por encima de su posibilidad. La pareja que componen Alex Esposito [7] interpretando al “Conde Walter” y Gianluca Buratto [7] a “Wurm” es tan singular que en aspecto y voz parecen ser el mismo señor, tanto que visualmente los confundía y al escucharles con los ojos cerrados en su dúo, fui incapaz de llegarlos a identificar. No lo hicieron mal, por oficio y por demostrada voluntad. Aunque breve, el papel de “Federica” interpretado por Maria Barakova [8] brilló por su gran personalidad de mezzo sin forzar. Al contrario de De Tommaso, lució mucho más delgada de lo en ella es habitual, esta vez sin que su línea de canto se viniese a perjudicar.


Verdi es quizás el autor de ópera más grabado, por sus muchas obras y porque de cada una hay tantos registros que resulta imposible poderlos contar. Si a esto unimos que, en los últimos noventa años, lo mejor de lo mejor no se ha resistido a interpretar su música, la elección de una versión con este compositor resulta siempre un ejercicio de dudosa imparcialidad. Por tanto y para mi gusto personal, la “Luisa Miller” de Fausto Cleva grabada en 1965 (y al fin remasterizada) al frente de la Orquesta y Coro de la RCA italiana para el mismo sello es la mejor, por su brío instrumental, la fineza belcantista de Anna Moffo, el depurado estilo verdiano de Carlo Bergonzi y la personalidad de un metropolitano Cornell McNeil, pleno de rotundidad.


Finaliza 2025 y con él las crónicas musicales de mis visitas al Palau de la Música y al de Les Arts de Valencia, que vengo escribiendo desde 2009 en mi Blog personal. Al trasladar sin censura mi opinión (porque no concibo otra manera de comunicar) he intentado salvaguardar lo que solo es mi verdad, ajeno a cualquier concesión al bien quedar. Decir lo que no apetece escuchar es garantía de marginalidad, un impuesto que debe pagar todo aquel que pretende seguir su propio caminar. Acudir a todos los estrenos y publicar al día siguiente durante tres lustros sin nunca faltar, priorizando sobre lo demás, ha sido una obligación autoimpuesta y altruista de la que, a mis 64 años, ya me quiero jubilar. Voy a descansar y acudir a los espectáculos dejándome llevar, liberado de los análisis y los recordatorios, que en la mayoría de las ocasiones no me han permitido del todo disfrutar. Seguiré valorando... con números y sin palabras que los puedan explicar. La música ahora me acompañará ausentándome de hablar, pues el silencio será mi ganado aliado para escuchar...

Simon Rattle: el Director al que Barenboim no pudo ganar [7]

La actuación del británico Sir Simon Rattle al frente de la afamada Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera (OSRB) en el Palau de la Música de Valencia es un acontecimiento de esos que no se debieran dejar escapar. Si además interpretan la monumental Sinfonía número 7 de Anton Bruckner (1884), a ese día y hora, para cualquier amante de la música instrumental, no cabría otra prioridad. Y así ha sido, con un lleno total.

En 2002 Claudio Abbado tuvo que abandonar la dirección de la Orquesta Filarmónica de Berlín por enfermedad. La vacante más codiciada por los Directores del mundo mundial fue asignada a alguien que ya en 1989 (con 34 años) pudo suceder a Karajan en ese pedestal y no lo fue por joven, una condición que el conservadurismo orquestal no suele perdonar. Trece años después surgía otra posibilidad, pero la incuestionable preponderancia de Daniel Barenboim en el panorama internacional parecía no tener rival. Sin embargo, Simon Rattle, el que fuera director de una formación menor (Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham) le consiguió ganar, perdiendo para siempre el argentino su mejor oportunidad.

Con anterioridad a la generalización de la grabación sonora como forma de reproducción musical, las emisoras de radio contaban con orquestas propias cuyo único cometido era interpretar desde sus estudios y en directo las obras de mayor popularidad, algo del todo punto inviable en la actualidad. La OSRB (fundada por el bruckneriano Eugen Jochum en 1949) es, quizás en este ámbito radiofónico, la más prestigiosa que hay en la actualidad y de ello da cuenta la lista de sus afamados directores titulares… Kubelik, Davis, Maazel, Janssons y el Rattle que ayer nos vino a visitar.

La “Sinfonía número 7” de Anton Bruckner es la obra más exitosa de su autor y fue dedicada de manera oficial al omnipresente Luis II de Baviera, aunque su devoción por Wagner le llevó a homenajearle introduciendo (por primera vez en la música sinfónica) las tubas wagnerianas en el estremecedor Adagio (y también en el movimiento final), algo que no pasó inadvertido por el III Reich, cuando al anunciar la muerte de Hitler lo quiso programar. Sigo defendiendo que la MÚSICA (cualquier tipo de música) por su abstracta especificidad no contiene ideología, por más que algunos se la quieran trasladar. Si la música fuera como la escritura… nos dejaría de gustar.

El programa de ayer, además de la citada Séptima de Bruckner, incluía la rapsodia para orquesta “Taras Bulba” (L. Janáček-1918), una obra del siglo XX poco programada, pero escuchable (pese a su ausencia melódica y un vanguardismo rítmico de esos que suele chocar), cuya inclusión por Rattle entiendo se justifica porque incorpora también tubas wagnerianas, una rareza que había que aprovechar.

En la música sinfónica, dos son los aspectos principales a la hora de valorar lo que escuchamos: la interpretación (competencia de la orquesta) y la versión (competencia del director), si bien luego estarían otros determinantes como el gusto que tengamos por la obra y en ese día, nuestra predisposición emocional. En mi opinión, un sobresaliente para la OSRB [9] y un aprobado raspado para Rattle [5] y me voy a explicar:

Con su sonido alemán (denso, metronómico y desapasionado), la OSRB es una máquina de interpretar cualquier partitura con las garantías de calidad que solo otras pocas orquestas consiguen alcanzar. Pudieron con la Séptima, cuya dificultad asusta a más de una formación de talla internacional, pero el resultado fue muy regular por la elección de Rattle (extrañamente grueso y con problemas de movilidad) que nos ofreció una versión sin el alma que la partitura pide y que en ningún momento pude apreciar. Prescindir de todo rubato, huyendo de la emotividad para solo registrar las notas en toda su literalidad decepciona a quienes esperamos de un gran director su marca de identidad. Ejemplo de ello fue el Adagio, un canto fúnebre que sonó a todo menos a aflicción y solemnidad. ¿Por qué ayer eligió una versión de esta obra distinta a la que grabó en 2023 con la Orquesta Sinfónica de Londres…? A Rattle siempre se le ha considerado un experto en la música del siglo XX y ayer lo pudimos comprobar.

Hace 16 años, publicaba en este Blog… “Lo importante en la vida para Simon Rattle“, sin ser consciente de su vigencia en la actualidad…

María y Rosalía… un asimétrico ejemplo de mitomanía musical

La Historia no es más que el continuado relato (en ocasiones fabulado) de lo que realizaron algunas personas que destacaron, para bien o para mal, sobre las demás. Pero ese despuntar no siempre responde a un mismo criterio de tasación, por lo que el merecimiento de quienes gozan de un nombre grabado en los registros de la popularidad puede que no sea igual, tanto en su momento como en la posteridad.

En el ámbito del canto no todas las disciplinas responden a la misma intrínseca dificultad y por tanto los resultados tampoco son igual. Así, entre la ópera y el pop media un abismo que sin toda una vida de aplicación no es posible superar. Lo que en la lírica consigue con su voz un cantante del montón, queda muy lejos de lo mejor que puedan dar las efímeras estrellas juveniles que abarrotan estadios a golpe de mercadotecnia musical.

María cala en mi sensibilidad y de Rosalía me protejo con el impermeable que uso para no dejarme contagiar por la ofensiva comercial. Sin embargo, en ocasiones me mojo como el que más (“Rosalía… sin Trá-Trá“).

Y si la vida personal tiene algo que contar para alcanzar la celebridad en esta feria de ventanas indiscretas de la privacidad, no es lo mismo Aristóteles Onassis que Raw Alejandro, ambos huidos, sí, pero solo el primero y primera fortuna mundial quiso regresar.

En cuestiones de elegancia ni que hablar, al enfrentar el aristocrático refinamiento de una serena dama y su eterno aspecto otoñal con el poligonero ímpetu de una perspicaz joven que cada día parece buscar y encontrar una distinta identidad.

Interpretar “Casta diva” de Norma se encuentra a años Lux de cantar “Berhain”, por más que la marabunta mediática mate por captar la atención de cuantos, con bovina ingenuidad, se dejan llevar…

“Enemigo del pueblo”: Reflexiones desde la butaca vacía que suelo ocupar

No me creo equivocar si afirmo que cualquier aficionado a la música mal llamada clásica elige asistir a una ópera en función de y por orden de prioridad: su MÚSICA/AUTOR, los CANTANTES, el TEATRO (orquesta/coro) y a muy lejana distancia, el LIBRETO y todo lo que comportan los elementos de la ESCENOGRAFÍA en general.

En mi caso, al tratarse “Enemigo del pueblo” (F. Coll-2025) de una obra sin estrenar (mientras esto escribo), no he podido encontrar muestra alguna de su MÚSICA a fin de poderme guiar. Sin embargo, en 2016, Les Arts programó en el Teatro Martín y Soler “Café Kafka” (F. Coll-2014), una ópera de cámara a la que no asistí, pues ese tipo de composición (que yo encuentro estéticamente cacofónica, dolientemente discordante y forzadamente antinatural) se encuentra en las antípodas de mi sensibilidad musical, que busca la belleza por encima de todo lo demás. Pero tratándose de un autor valenciano, quise darme otra oportunidad y busqué orientación en las presentaciones institucionales de Anna Castro Grinstein y Ramón Gener en la Web de Les Arts, encontrándome en ambos casos con la misma y sospechosa situación formal: a diferencia de lo que en ellos suele ser habitual, sus intervenciones se han centrado en el LIBRETO, dejando la MÚSICA en un lugar del todo marginal. ¿Por qué…? La razón nos la da (de nuevo sin querer) el propio Gener cuando, ante su manifestada intención de anticipar unos cuantos pasajes de la ópera, confiesa que (59:50) “…Francisco me ha dejado poner dos músicas… porque está siempre muy preocupado… esto no suena del todo bien, no lo pongas…”. En este sentido y respecto al secular divorcio entre gran parte de la música contemporánea y el aficionado en general, el propio Coll ha manifestado…

“Si la situación es así, probablemente haya razones. A lo mejor nos lo hemos ganado con ciertas obras que alejan al público de los teatros. Porque, por ejemplo, John Williams también es contemporáneo y con Star Wars no tiene ningún problema de público. Algo habremos hecho mal” (Valencia Plaza 22/10/25)

Estas son otras opiniones de Coll publicadas con motivo de su estreno mañana en Les Arts…

“La música que he escrito para Enemigo del pueblo no difiere de mi música sinfónica o de cámara. Una música de extremos que aplica los principios de polaridad, gravitación, tensión y relajación. Todo al servicio de la acción dramática” (Beckmesser 03/11/25)

“La complejidad no es algo que busque, es algo que no puedo evitar. Evitarla sería no ser honesto conmigo mismo, porque el universo es complejo, no mi música. Si evitara esa complejidad natural, estaría traicionando mi forma de entender la creación” (Valencia Plaza 22/10/25)

¿Qué lleva a un compositor actual a concebir obras con el previo convencimiento de que, mayoritariamente, no van a gustar…? ¿Se compone para sí o para los demás…? ¿Es una cuestión de capacidad…? ¿Debe ser Joyce y su “Ulises” el modelo creativo a imitar? ¿Por qué casi no se programa música contemporánea en Radio Clásica de Radio Nacional…? En la casa de cualquier melómano… ¿Qué tipo de música configura mayoritariamente su discoteca particular…? Quienes manifiestan su incapacidad de apreciar las músicas de vanguardia… ¿Son aficionados de rango inferior y a medio madurar…? ¿Dónde termina la sensatez musical y comienza la elitista frivolidad…? Yo tengo mis respuestas, como también las tendrá cada cual.

Pero no hay mal que por bien no venga, pues en la mencionada presentación de Gener he tenido la oportunidad de escuchar por primera vez a un afamado escenógrafo explicando, largo y tendido, la adecuación al LIBRETO (que él mismo ha escrito) de su propuesta visual. Es curioso que, tratándose esta de una obra nunca representada y por tanto libre de cualquier necesidad escénica de aportar distintiva novedad, Rigola la vuelve del revés (el despacho del protagonista, el médico Thomas Stockmann, lo convierte en una playa meridional) en virtud de esa actual esquizofrenia teatral de no ubicar nada en su estado original. Al término de sus comentarios y como me temía por tratarse de algo consustancial en los escenógrafos con ínfulas de modernidad, no ha sido capaz de aclarar de manera inteligible lo que él mismo ha pretendido mostrar.

En nuestro contexto europeo, donde la ópera subvencionada cuenta con cierto margen para el riesgo comercial, el proyecto de “Enemigo del pueblo” nació con el patrocinio de cuatro prestigiosos teatros, retirándose del mismo la Royal Opera House de Londres y el Liceo de Barcelona, para quedar al final el Teatro Real de Madrid con solo cuatro funciones (de las hasta casi veinte que llega a programar) y Valencia con las tres actuales de Les Arts. Es evidente que esta dificultad todavía hubiera sido mayor en USA, cuyo compromiso con la rentabilidad es total, reduciendo a la mínima expresión los experimentos sin gaseosa que vacían las plateas y llenan de estupor al melómano convencional desde hace casi un siglo de utopía musical. Cierto es que no resulta sencillo gestionar con dinero público los gustos de todos y en especial los de unos pocos (que son muchos menos si les rogamos honesta sinceridad) porque, por ejemplo, de este tipo de caótica música yo pido menos y ellos más.

Después de 20 años sin faltar a ningún título operístico en la Sala Principal de Les Arts, el presente día tenía que llegar (prefiero que por decisión propia a por enfermedad) y con cierto desencanto quebraré esta continuidad por salvaguardar mi coherencia personal. Tras casi 50 años de asistencia regular a conciertos y óperas en el ámbito nacional e internacional mi criterio está formado ya, pues no tiene sentido buscar eternamente sin encontrar. Así las cosas y deseando suerte a Francisco Coll, me conformaré con visualizar la homónima y magnífica película guionizada por Arthur Miller y protagonizada en 1978 por Steve McQueen y Charles Durning (ninguneada por todos los comentaristas en favor de la avejentada “Tiburón”), lo que me impedirá opinar sobre el estreno mundial de este “Enemigo del pueblo” al quedar vacía la butaca que suelo ocupar.

Pese a su cada vez más alta excepcionalidad, siempre acudo a la ópera con la ilusionada expectativa de disfrutar…

Currentzis: Händel en Technicolor y Panavisión [9]

Currentzis, una vez más, desató ayer el atronador delirio de los espectadores en el Palau de la Música de Valencia con su espectacular propuesta de diecisiete escogidas piezas del catálogo de Händel, un compositor barroco que según los cánones actuales de interpretación debiera estar cercano a la discreción.

En el inicio de la segunda mitad del siglo pasado, el suntuoso reinado de Karl Richter y su Orquesta Bach de Múnich finalizó cuando Nicolaus Harnoncourt y compañía instauraron la contención de los instrumentos originales frente a los atriles y estos limitados en número y en vibración. A partir de entonces se consideró un acto criminal que lo barroco sonase a esplendor romántico, acostumbrándose nuestros oídos a esa especie de “tono menor” en donde un triste recogimiento de aquella bella música del XVIII protagonizó cualquier grabación. Esto para la introspección de Bach tiene atinado sentido, pero no tanto para Händel, cuya luminosa obra deslumbra exultación aún en los pasajes más luctuosos, como el “Lascia ch´io pianga” del Rinaldo, uno de los bises que el apasionado maestro nacido en Grecia nos ofreció. Que las voces solistas rusas no fueran de lo mejor y que el Coro de la Academia Anton Rubinstein se encuentre en periodo de eterna formación no empañó el protagonismo de una Musicaeterna Orchestra que lo da todo en cada actuación. A ese todo ayudó la cuidada luminotecnia y cierta dramatización de las entradas y salidas de los cantantes por cualquier puerta de la sala, alguno de los cuales finalizó batuta en mano su intervención.

Debo confesar mi sentimiento de ofuscación por escuchar el concierto extasiado en todo momento ante esa arrebatadora forma de concebir la música que Teodor Currentzis teje, en Technicolor y Panavisión. Mi interior pugnaba entre la convicción de que Händel no debiera interpretarse así frente a la sísmica sensación de esas notas desatadas que estaban volteando mi corazón. Y fue en la famosa Suite para orquesta en Re mayor n.º 2 de la Música Acuática cuando no pude más y mis ojos se nublaron por la emoción, sintiendo la inusual estereofonía de los tambores laterales, el fulgor de los metales en plena ebullición y la incondicional entrega de esas sincrónicas cuerdas que, como el año anterior, en pie tocaban cruzando miradas cómplices en una trepidante interpretación.

No diré más, por no repetirme con respecto a lo que hace un año escribí (https://www.alonso-businesscoaching.es/blog/11-10-2024/currentzis-y-su-musicaeterna-la-visceral-apoteosis-de-una-historica-interpretacion/) y también resulta válido para esta memorable ocasión…