…Alejada ya de toda vital emociĂłn, estoica asumo los trágicos costes de un fracaso tan previsible como descorazonador, esperando abandonada mi fatal destino, convencida al fin de que entre mujeres y hombres jamás hubo nadie mejor ni tampoco peor…
…Nadie… excepto un resucitado Sigfrido que, fantasmal, un dĂa apareciĂł en el figĂłn y a quien servĂ cordero asado sin que nuestras mudas palabras delatasen alguna afiliaciĂłn. Solo dos pares de abdicados ojos hablaron el olvidado idioma de nuestro primer amor. Al marcharse, nos despedimos sin hacerlo, convencidos de que ni una ni otro tendrĂamos más ocasiĂłn…
…La ley de la fuerza, tantos años condenada en los hombres por alejarse de los principios básicos de la civilizaciĂłn, ahora la protagonizaban las mujeres con la aquiescencia de una legislaciĂłn creada a golpe de equivocaciĂłn. AsĂ, tras los innumerables casos de masculinicidios que se cruzaron en el cotidiano ejercicio de mi profesiĂłn, fue el protagonizado por Aslaug quien asestĂł el definitivo golpe a mi antigua ofuscaciĂłn…
…En aquel 2040, los seis años como policĂa VALQUIRIA habĂan ejercido de contumaz erosionador de mi hasta entonces inquebrantable posiciĂłn feminista, tras comprobar dĂa a dĂa y sin excepciĂłn que el mal no era solo patrimonio del varĂłn…
…Centro de la cruel diana de aquella hipĂłcrita reprobaciĂłn, mi Aslaug cayĂł veloz en una adolescente depresiĂłn de esas que sobrevienen por la quiebra de una identidad todavĂa en perĂodo de construcciĂłn, lo que le arrastrĂł a cuestionar su sexualidad y aquello que es aĂşn peor: si en esta vida merecĂa la pena amar sin ninguna restricciĂłn. En los siguientes años no se le conociĂł ningĂşn amor, ingresando por propia decisiĂłn en ese autárquico club al que asimismo pertenecĂa yo…