“Es tan corto el amor y tan largo el olvido”
Pablo Neruda

Blog de Antonio J. Alonso Sampedro
Duda razonable y reflexión
¿Por qué… somos más indulgentes con los muertos que con los vivos…?
En general, toda persona muerta vale más que viva, a tenor de los mayestáticos elogios recibidos en su funeral. Alabar al finado es deporte nacional, por más que este no lo merezca en tal proporción sideral. Parece que la muerte ejerce de borrador penal y salvoconducto a la excelencia personal. ¿Será que no queremos premiar en vida para ser nosotros más…?

Que lo inusual pueda tener interés no lo voy a negar, pero todo en su justa medida y sin exagerar.
Nunca he participado de esa inexplicable pasión por los cuerpos celestes, presentes en nuestra vida como un mudo decorado de ciclo repetitivo que día y noche parecen ser siempre igual, sin hacerse notar. No miro al cielo porque ya me lo sé una barbaridad y prefiero buscar en la vida la originalidad.
El hacerse de noche durante el día no aporta ninguna novedad visual a lo conocido (distinto sería que el cielo mostrase un dibujo ajedrezado o un color inhabitual) y de lo referido a fenómenos extraños en personas o animales vale más no hablar. Que se hayan instrumentado artilugios sonoros para que los invidentes participen de esta locura general lo dice todo respecto de hasta donde vamos a llegar.
Solo la excepcionalidad centenaria justifica salir a dar un tranquilo paseo por la ciudad, pero no más. Viajes a lugares muy lejanos, carísimas reservas en hoteles aprovechados o compra compulsiva de sofisticado material óptico, da buena cuenta de lo que es navegar sin timón por el rio comunicacional que nos lleva y retrata nuestra voluble personalidad…