En mi programa de documentaciĂłn para el libro que estoy escribiendo sobre la hipocresĂa en el Arte y su manifiesta falsedad, ayer estuve fotografiando los cuadros que más me gustan (y algunos que no) del Museo de Bellas Artes de Valencia, la segunda mayor pinacoteca de España que, además, presume de gratuidad.
He querido reproducir aquĂ solo dos de las fotografĂas tomadas: la del encabezamiento corresponde a JoaquĂn Sorolla (colecciĂłn permanente) y la de Manuel Hernández MompĂł (colecciĂłn temporal) al final.
Si el Arte tiene por misiĂłn emocionar… no parece necesario decir mucho más…
Soportando el riesgo de la crĂtica y la ajena perplejidad, llevo muchos años argumentando las razones por las que considero que el Arte Contemporáneo, en sus principales manifestaciones (Pintura, Escultura, MĂşsica o Literatura, pero esta en menor grado) y con las excepciones que se puedan dar, es un engaño en el que nos solemos dejar embaucar.
En mis dos vueltas al Museo, la primera estuvo dedicada a las obras expuestas y la segunda a observar al internacional pĂşblico que las contemplaba, transitando todos con miradas perdidas entre las innumerables pinturas, tan extrañas como desconocidas, parándose a fotografiar el “Guernica” por imperativo de un guion que nadie se atreve a refutar ante el temor a quedar mal consigo mismo y con los demás. Y esto no solo es mi apreciaciĂłn, pues lo pude comentar con algĂşn vigilante que, harto de observar dĂa tras dĂa a la gente, en confidencia, asĂ me lo pudo constatar.