
Que a los cantantes de la llamada Música Ligera no hay que pedirles lo que a los de la Ópera es lógico y hasta justificable, dada su marcada orientación popular. Sin embargo, no por ello quienes pueblan las radio-fórmulas deberían olvidar lo que es cantar en sus términos de respiración, tono, ritmo, dicción y voz, aunque solo sea desde un mínimo respeto al buen gusto y a la calidad.
Recurrir a ejemplos que evidencien el progresivo deterioro de la interpretación vocal en la Música Ligera desde el siglo pasado hasta estos días solo llevaría a que alguien también nombrase algún caso aceptable actual, presentando la excepción como tónica general. Aun así, no me resisto a citar al personaje que ahora moviliza más fans y expectación mundial: Bud Bunny y su incomprensible manera de cantar.
Cantar debajo de un puchero, hoy es el epítome de una juvenil y desnortada excelencia musical. Pero tal irregularidad vocal no condena al causante, sino a quienes lo elevan al trono del éxito universal…
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