
Cuando escucho preguntar sobre cuál es el peor defecto que alguien pueda mostrar, yo siempre me respondo que la HIPOCRESÍA, porque manifestar lo que no es verdad resulta tanto como negar la realidad, lo único cierto que hay. La atinada percepción y defensa de lo real nos hace libres, independientes y responsables ante los demás.
La HIPOCRESÍA ha sido, es y será, consecuencia de la búsqueda indiscriminada de un bien personal o social, siempre por encima de cualquier justicia y siempre por debajo de cualquier moral. La HIPOCRESÍA rinde pleitesía hacia todo tipo de poder o autoridad que nos pueda beneficiar. La HIPOCRESÍA nos convierte en esclavos comerciantes de la falsedad.
Me resulta imposible perdonar la HIPOCRESÍA y quien la perpetra, para mí pierde toda considerada credibilidad. No hay mejor manera de vivir que la gobernada por la honesta sinceridad, porque la mentira interesada y procaz desmonta en la persona o en la sociedad su fiabilidad, eso que vertebra el desarrollo en el tiempo de la humanidad.
En estos días de súbito estupor por lo inadmisible y ajeno a toda legalidad, no hay mejor ejemplo de HIPOCRESÍA que la del mal llamado mundo libre con Donald Trump…


