“No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella”
Elbert Hubbard

Blog de Antonio J. Alonso Sampedro
Duda razonable y reflexión

Currentzis, una vez más, desató ayer el atronador delirio de los espectadores en el Palau de la Música de Valencia con su espectacular propuesta de diecisiete escogidas piezas del catálogo de Händel, un compositor barroco que según los cánones actuales de interpretación debiera estar cercano a la discreción.
En el inicio de la segunda mitad del siglo pasado, el suntuoso reinado de Karl Richter y su Orquesta Bach de Múnich finalizó cuando Nicolaus Harnoncourt y compañía instauraron la contención de los instrumentos originales frente a los atriles y estos limitados en número y en vibración. A partir de entonces se consideró un acto criminal que lo barroco sonase a esplendor romántico, acostumbrándose nuestros oídos a esa especie de “tono menor” en donde un triste recogimiento de aquella bella música del XVIII protagonizó cualquier grabación. Esto para la introspección de Bach tiene atinado sentido, pero no tanto para Händel, cuya luminosa obra deslumbra exultación aún en los pasajes más luctuosos, como el “Lascia ch´io pianga” del Rinaldo, uno de los bises que el apasionado maestro nacido en Grecia nos ofreció. Que las voces solistas rusas no fueran de lo mejor y que el Coro de la Academia Anton Rubinstein se encuentre en periodo de eterna formación no empañó el protagonismo de una Musicaeterna Orchestra que lo da todo en cada actuación. A ese todo ayudó la cuidada luminotecnia y cierta dramatización de las entradas y salidas de los cantantes por cualquier puerta de la sala, alguno de los cuales finalizó batuta en mano su intervención.
Debo confesar mi sentimiento de ofuscación por escuchar el concierto extasiado en todo momento ante esa arrebatadora forma de concebir la música que Teodor Currentzis teje, en Technicolor y Panavisión. Mi interior pugnaba entre la convicción de que Händel no debiera interpretarse así frente a la sísmica sensación de esas notas desatadas que estaban volteando mi corazón. Y fue en la famosa Suite para orquesta en Re mayor n.º 2 de la Música Acuática cuando no pude más y mis ojos se nublaron por la emoción, sintiendo la inusual estereofonía de los tambores laterales, el fulgor de los metales en plena ebullición y la incondicional entrega de esas sincrónicas cuerdas que, como el año anterior, en pie tocaban cruzando miradas cómplices en una trepidante interpretación.
No diré más, por no repetirme con respecto a lo que hace un año escribí (https://www.alonso-businesscoaching.es/blog/11-10-2024/currentzis-y-su-musicaeterna-la-visceral-apoteosis-de-una-historica-interpretacion/) y también resulta válido para esta memorable ocasión…