“El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”
Oliver Goldsmith

Cuando a una profesión libre le llega ese momento en el que sus integrantes se arremolinan sin orden ni concierto en una suerte de algarabía disonante de multiplicidad de criterio profesional, es que algo pueda estar fallando en su configuración y organización, sea reglamentada o no, pero a la postre disuasoria para quienes con capacitación, honestidad y determinación desean consolidar un futuro profesional que además tiene mucho de contribución social.
Si en 2011 escribía El Coaching y la Ópera, ahora recuerdo nuevamente al género lírico por excelencia aludiendo a la impagable película de los Hermanos Marx… Una noche en la Ópera (1935), cuya escena más famosa (junto a la del Contrato) es la del Camarote, fiel prodigio de una ingeniosa relojería del humor que parece ya no se lleva y cuya universalidad sigue destilando todo tipo de alusiones y comparaciones que la han llevado a ser el referente inmortal del no se cabe jocoso y burlón desde lo atropelladamente absurdo de esa situación.
Hoy, en España, el Coaching se caracteriza por congregar apretujadamente a sus profesionales en un camarote no mayor al de los Marx, en permanente reducción, al que todos pueden entrar, donde ya es muy difícil trabajar y que próximamente pueda llegar a reventar.
En permanente reducción… porque tras siete años de martilleante crisis económica, el mercado de servicios de Coaching ha adelgazado hasta alcanzar una anorexia tal que resulta muy preocupante por ser quizás mucho mayor que la de otros sectores, que gozan de una mejor percepción de necesidad y calidad por parte de quienes los deben contratar.
Al que todos pueden entrar… pues hoy no existen requisitos fiables y unánimemente aceptados de especialización, lo que lleva a configurarse como un sector refugio de tantos profesionales que, en búsqueda de ocupación, deciden ser Coach al igual que también optarían por ser abogados si para ello no se requiriese de titulación y colegiación.
Donde ya es muy difícil trabajar… al quedar esta ocupación altamente perjudicada por la contaminación a que ha llevado la dudosa actuación de quienes, como cuchillo en mantequilla, han irrumpido en una profesión sin atención a ningún criterio deontológico que preserve las buenas prácticas que cimentan la credibilidad de todo sector.
Que próximamente pueda llegar a reventar… si los medios de comunicación, que en los comienzos le prestaron su atención cuando se trataba de una incipiente e ilusionante disciplina, ahora se fijan en el errático rumbo que ha tomado y lo difunden como ejemplo de otra moda que como tantas más, tal como apareció así luego se desvaneció.
Por tanto, todo esto configura un panorama preocupante y desolador cuya solución pasa por muchas vías, aunque en mi opinión es principal la definición por parte de un solo organismo acreditado, independiente y aglutinador, de un marco regulador que, al igual que acontece en otras profesiones liberales, establezca los términos de una actuación que garantice al perceptor del Coaching sobretodo la obligatoria calidad que el pago de sus servicios merece por contraprestación.
Como irónicamente escribió Groucho Marx…El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio; si puedes simular eso, lo habrás alcanzado…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Si hay un comportamiento humano que merezca más atención por su contribución decisiva a la configuración del perfil idiosincrático de su poseedor y por tanto a sus posibilidades vitales de actuar y progresar, ese sin duda es el de los hábitos, incuestionablemente la principal herramienta para el desarrollo personal y quien esto lo dude… mejor que se los haga mirar.
El filósofo griego Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.) así ya lo venía a considerar… Somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. De esto podemos colegir que el trazado de nuestro camino hacia el destino de la excelencia es cosa de hábitos, tal y como lo confirma el escritor inglés Charles Reade (1814-1884) cuando se apresta a afirmar… Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino. En definitiva y resumidamente… La vida no es más que un tejido de hábitos, según el escritor suizo Henry F. Amiel (1821-1881) nos lo llega a precisar.
Si aceptamos el hábito como la repetición constante de un acto que lo lleva a convertirse en costumbre y por tanto a automatizar, entonces estaremos de acuerdo con la conveniencia de incorporar hábitos positivos a nuestra vida que ejerzan de mudos y mecánicos motores de nuestro actuar. El historiador romano Tito Livio (59 a. C.-17 a. C.) ya lo advierte al proclamar… Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito, atinado aforismo que de otro modo pero con la misma intencionalidad nos lega el poeta latino Ovidio (43 a. C.-17 d. C.) al manifestar… Nada hay más fuerte que el hábito.
Una de las características más definitorias de los hábitos es que no son innatos sino que su adquisición en el tiempo se tiene que ganar, por lo que no es posible eludir ni aun queriendo nuestra responsabilidad. Una vez más, Aristóteles nos lo significa al asegurar que… Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia, sino absoluta, si bien habrá que saber elegir adecuadamente entre tales o cuales pues como asevera el escritor francés Gustave Flaubert (1821-1880) el paso del tiempo los suele desvirtuar… Cuando llegamos a viejos los pequeños hábitos se vuelven grandes tiranías. La solución a ello nos la aporta concisamente el ensayista estadounidense Elbert Hubbard (1856-1915) al sentenciar… Cultiva sólo aquellos hábitos que quisieras que dominaran tu vida.
Por tanto, siendo muy cierto que no todos los hábitos adquiridos son siempre los más convenientes, en muchas ocasiones se impondrá decidir su modificación o su eliminación, dilema sobre el que el escritor hispanolatino Quintiliano (35 d. C.-95 d. C.) quiso opinar… Los malos hábitos es más fácil romperlos que enmendarlos, pues ciertamente no solemos ser conscientes de su fuerte arraigo según el educador estadounidense Horace Mann (1796-1859) nos quiere explicar… El hábito es como un cable; nos vamos enredando en él cada día hasta que no nos podemos desatar o de la misma forma gráfica el escritor inglés Samuel Johnson (1709-1784) al afirmar… Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que las podamos romper.
Por consiguiente, aceptando la mayor conveniencia de la eliminación frente a la modificación, la mejor solución para suprimir los malos hábitos nos la ofrece el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) al apostillar… Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño.
Que los hábitos son cuestión principal y a nuestra vida están garrapiñados es tan cierto como lo es el sentido de la esclarecedora pregunta que desencantadamente se formula el poeta libanés Khalil Gibran (1883-1931)… ¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los deseos y los hábitos…?
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro