“Filosofar es y solo es aprender a morir”
Karl Theodor Jaspers

El hombre es el único ser vivo capaz de auto-justificarse en casi todo lo que hace, sea bueno o malo y con razones que siempre llegan a convencerle por más que algunas no resistan la objetividad. Así de hábiles somos y así de engañados vivimos bajo nuestra responsabilidad.
¿Alguien recuerda aquella canción de Lola Flores que decía eso de… ¿cómo me la maravillaría yo? Pues eso, que somos maestros de la maravillación o el arte de reinterpretar sesgadamente las causas pasadas para luego justificar equivocadamente las consecuencias presentes y lo que es peor, así de convencidos llegarlo a firmar.
En la vida de cada cual no todo lo que hace es adecuado o digamos, lo mejor que podría hacer. Identificar esa conveniencia es primordial si lo que pretendemos es mejorar el resultado de nuestras actuaciones futuras. Evidentemente, no tendremos nada que mejorar si todo lo hecho queda suficientemente justificado como lo mejor en cada momento, siendo este precisamente uno de los orígenes del estancamiento personal y profesional que en muchas ocasiones solemos percibir en la vida y en el que no solemos reparar.
Pero, ¿qué explica nuestra obcecación por barrer siempre hacia nuestro hogar? Pues principalmente el auto-aprecio genético con que nacemos, que luego continuadamente nos tenemos y que, por mal entendido, busca una nota siempre superior a la merecida. Aprobar sin saber, tarde o temprano nos llevará al bochorno de ser descubiertos en la incompetencia, lo cual es obvio que nos generará más problemas que los que inicialmente intentábamos tapar.
En otras ocasiones he traído a mis artículos la dualidad existente entre Cómplice y Conciencia como principal determinante de nuestra capacidad para juzgar los actos propios. Ambos consejeros vitales, celosos moradores de nuestro cerebro en lo menos material, pugnan cada cual por abarcar más espacio que el otro y en el resultado de esta contienda territorial el vencedor es quien determinará cuál es el color habitual de nuestras justificaciones. Si es la Conciencia, estaremos más cerca de la huidiza objetividad manejándonos en el mundo de las razones. Pero si es el Cómplice, nadie nos librará de barajar tantas excusas como causas justificativas precisemos en un alarde de habilidad en conseguir decirnos lo que mejor queremos escuchar.
Confieso que en algunas ocasiones yo también pueda ser un ejemplo de esto último, aunque sospecho que solo en esto no debo estar…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Dicen que los números 1 se juntan con los números 1 y los números 2 con los números 3, 4 o… 27. La elección de los compañeros de viaje en cualquier área de la vida es un fiel reflejo de nuestra personalidad y supone uno de los determinantes críticos para alcanzar los propósitos buscados en nuestro trayecto vital.
Pero la mayoría de nuestros objetivos vitales requieren para su realización de la colaboración (directa o indirecta) de los demás. Buscar asociaciones personales enriquecedoras es evidente que siempre nos beneficiará, a excepción de aquellos casos en que el fin buscado sea solo el de destacar.
En el ámbito profesional está probado que el único camino de avance válido para las empresas es el que pasa por el trabajo coordinado en equipo. Cualquier organización requiere de la contribución efectiva de todos sus integrantes para afrontar los exigentes retos que en las economías desarrolladas hoy se vienen a plantear. Por tanto, parece lógico concluir que cuanto más eficientes sean los equipos de trabajo mayores serán las posibilidades de triunfar.
El liderazgo tiene como una de sus grandes responsabilidades la construcción de equipos eficientes de trabajo, asunto nada fácil de resolver y por el que son reconocidos y remunerados los mejores directivos del mundo. Conseguir hacer… hacer y además hacerlo bien es el principal cometido de todo responsable comprometido con los retos que le demanda su ámbito de actuación profesional.
Además, un equipo eficiente de trabajo se construye a partir de dos condicionantes insustituibles: la calidad intrínseca de sus integrantes y el continuado desarrollo de sus saberes y competencias. Contar con la primera sin fomentar los segundos lleva al estancamiento y la desmotivación, pero propiciar los segundos sin tener la primera es claramente malgastar el dinero, convirtiendo en gasto improductivo la inversión salarial.
No es la primera vez que en la definición del perfil profesional para la selección de un puesto de trabajo, el responsable del futuro empleado me ha tratado de convencer torpemente de la conveniencia de rebajar el nivel de exigencia curricular por debajo de lo que las funciones que ese puesto requería. Esto solo tiene una explicación y se llama miedo a la competencia interna o lo que es lo mismo, miedo a la propia incompetencia personal.
El líder que es capaz de buscar y reconocer en los demás el talento, aun por encima del suyo, lejos de oscurecerse brillará más al reflejar la luz de quienes le acompañan y a quienes les deberá en gran parte su éxito. El éxito de haberse sabido rodear de números por encima de su capacidad…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro