Instalados en el siglo XXI, parece que ya todo está estudiado y se sabe del comportamiento de un consumidor vacunado ante la saciedad. El Marketing ha llegado a radiografiar todas nuestras motivaciones e identifica, aún antes que nosotros mismos, aquello que vamos a comprar.
No obstante, he descubierto algo que todos adquirimos al menos una vez en nuestra vida y queda oculto para quienes nos quieren analizar. Lo comercializan en unas tiendas que pertenecen a la conocida franquicia llamada La Tienda de la Madre de Blancanieves, cuyo único producto son los Espejitos Mágicos, eso sí, de múltiples tamaños y formas que podamos imaginar.
En un momento determinado de nuestra vida (cada cual el suyo), entramos en una de esas tiendas con el deseo de comprarnos nuestro Espejo de la Madre de Blancanieves para transitar por toda nuestra vida mirando cada día la imagen que nos quiere reflejar.
Pero… ¿qué imagen nos refleja…? Pues sencillamente aquella que anhelamos ver de nosotros mismos y que nos perfila un retrato propio muy superior al mejor de los fotoshopes que pudiéramos imaginar. Esa imagen ajustada a la idea de la persona que nos gustaría ser y que, casi con seguridad, nunca llegaremos a conquistar. ¿Por qué…?. Porque no tiene sentido cambiar si lo que vemos todos los días en nuestro Espejo de la Madre de Blancanieves nos agrada tanto como para asentarnos en la plácida inmovilidad…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro



