“Vale más un minuto de pie que toda una vida de rodillas”
Re-flexiones… 35
La Vida en 3D
Quien inventó el metro como unidad de medida longitudinal creía que, en el mundo, la distancia entre dos puntos todo lo podría calibrar, hasta que alguien se percató de que cruzando dos longitudes podría calcularse algo más complejo como es la superficie bidimensional y para su valoración creó el metro cuadrado, otra medida más. Pero no siendo suficiente esto para describir toda la realidad, más tarde se confirmó que la suma de superficies constituye el volumen y para este concepto fue incorporado el metro cúbico como referencia de medición tridimensional.
Hasta aquí ha llegado la evolución en la medición de nuestra percepción espacial de la realidad, basada en las tres dimensiones que nos son visualmente reconocibles (largo, ancho y alto) y a las que los científicos sesudamente han añadido alguna que otra que a los demás nos son difíciles de interpretar.
Esto mismo podríamos ilustrarlo con metafórica libertad imaginando que la radio es longitud, la televisión es superficie y el cine en 3D es volumen, precisamente lo que más se acerca a nuestra visión de la realidad.
Por otra parte, de entre todos los intereses que participan de nuestra existencia, sin duda el primero y principal ha sido y es aquel que tiene que ver con la mejora y aprovechamiento de nuestra vida, ese regalo de la naturaleza que no por su gratuidad se debe (aunque se puede) malgastar. Pues bien, si partimos del célebre axioma que asegura que… lo que no se puede medir no se puede mejorar y consideramos que nuestra vida debe y puede mejorarse, será necesario que sepamos cómo medirla para lograrla aprovechar.
Normalmente la medición de la vida suele acotarse de forma sencilla y lineal utilizando una sola dimensión: la DISTANCIA, representada por la variable (o constante, según se interprete) Tiempo. De esta ingenua manera sólo podremos contar con información sobre su cualidad de carácter longitudinal (larga/corta) que, por simple y restrictiva, necesariamente obliga a buscar otras dimensiones que descriptivamente la puedan complementar.
Así pues, podríamos considerar que una segunda dimensión a tener en cuenta para medir la vida pueda ser la relacionada con la DEFINICIÓN de lo que se pretende lograr en ella, cuyo carácter es transversal (ancha/estrecha) y que viene representada por los Objetivos personales que nos fijamos y en los que nos embarcamos paralelamente en cada momento de nuestra existencia a la manera de un frente de batalla que tenemos que gobernar.
Si combinamos las dimensiones longitudinal y transversal podríamos llegar a asegurar que, en la mayoría de las ocasiones, una vida corta pero ancha puede sumar un mayor valor de superficie vital que la contabilizada por una vida larga pero estrecha. Esto implicaría obviamente que no solo el Tiempo vivido o por vivir es el determinante para el aprovechamiento de la vida, sino también nuestras inquietudes por llenarla de múltiples y enriquecedores metas que alcanzar.
Pero también es cierto que ni tan siquiera contar con Tiempo suficiente y además Objetivos definidos es garantía del mejor uso posible de la vida, pues de nada valdrán si no somos capaces de conseguir mucho de lo que nos proponemos por desidia, falta de constancia u organización personal. Es aquí donde aparece la tercera dimensión valorativa de la vida: el DESEMPEÑO, entendido en función de una magnitud que podríamos definir como vertical (alto/bajo) y que determina la talla en el nivel de Consecución de nuestros Objetivos a partir de la planificación, su seguimiento y la medición de los resultados esperados y que, finalmente, conferirá de volumen al singular concepto geométrico aquí expuesto de medición vital.
En definitiva, solo podremos ver y disfrutar la vida en 3D (DISTANCIA, DEFINICIÓN y DESEMPEÑO) si somos capaces de combinar acertadamente el Tiempo (longitud), los Objetivos (anchura) y su Consecución (altura) en ese difícil equilibrio volumétrico para el que ninguna fórmula general ha sido ni será nunca inventada pues es tan personal como la percepción que de la vida tenga cada cual…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Re-flexiones… 34
Re-flexiones… 33
El Coaching y la Ópera
Tres meses después de su esperado comienzo, acabo de finalizar con gran satisfacción “Historia y Apreciación de la Ópera”, el emocionante y revelador curso impartido con sentido y sensibilidad por el erudito profesor Gabriel Menéndez Torrellas que me ha permitido, sobre todo, abrir de nuevo mis perspectivas musicales hacia los desacostumbrados e inexplorados terrenos del a-condicionamiento mental y el des-prejuicio estético.
Si muchos eran los aspectos interesantes que inicialmente planteaba esta propuesta formativa, uno de los principales sin duda para mí radicaba en el hecho de que el musical paseo histórico propuesto irremediablemente abocaría al siglo XX, centuria a la que operísticamente todavía no he llegado pues confieso públicamente que apenas he logrado rebasar conceptualmente el XIX. Mi venerado Wagner y poco más se ha configurado en mí caso como barrera infranqueable desde hace ya algunos años, realidad de la que sinceramente no puedo enorgullecerme si lo que pretendo es evolucionar estilísticamente para no desaprovechar lo que me resta por disfrutar de lo que me queda por conocer.
Si hay un principio que respeto, albergo y defiendo de los hechos artísticos (música, pintura, escultura, literatura, danza, cinematografía, etc.) desde hace muchos años es aquel que proclama que la calidad de toda obra de arte no puede medirse sólo y simplemente en función del agrado que nos produzca, pues el buen gusto requiere siempre de la comprensión y esta del conocimiento a partir de su formación. Llegados aquí es cuando entonces podrá reinar soberanamente la capacidad de juicio, interpretación y elección, prevaleciendo por tanto así la sabia humildad del ilustrado frente a la analfabeta soberbia del ignorante (asegurar que un cuadro de Miró podría ser pintado por cualquier niño es la mayor demostración de arrogancia y miopía cultural que pueda exhibirse).
Los más de 400 años transcurridos desde el nacimiento de la Ópera con L´Euridice (1.600) de Jacobo Peri y L´Orfeo (1.607) de Claudio Monteverdi no deberíamos permitir se reduzcan solo a 300, por mucho que nos empeñemos en condenar los últimos y evidentemente más exigentes 100. Siglo sin duda formalmente inclasificable por su empeño en romper con todas las reglas y condicionamientos musicales precedentes en beneficio de una total libertad creativa, aun a disgusto de la mayoría de su escéptico público contemporáneo.
¿Por qué me sigue apasionando visceralmente la Ópera tras 30 años de rendida afición…? (ver… Music-tiones). Pues, entre tantas otras profundas emociones por ella provocadas, porque esconde sorpresas que todavía no he logrado descubrir y que me plantean un futuro pleno de estimuladores retos sensoriales hacia la superación. Superación que solo conseguiré si soy capaz de movilizar sin prejuicios mis propios paradigmas, desposicionándome musicalmente de mi actual y con seguridad falsamente confortable ubicación.
Abordar nuestra presente realidad desde la sincera asunción de la posible caducidad de muchos de nuestros planteamientos vitales es el punto de partida del Coaching, que huye de los maximalismos inmovilistas para buscar la inteligente agilidad de quienes apuestan por la aventura del cambio como frontera hacia lo mejor.
El Coaching como herramienta de desarrollo humano integral es imbatible frente a otras disciplinas de mejoramiento personal y profesional si no es traicionado uno de sus predicamentos troncales: el “desposicionamiento”. O lo que es lo mismo, el necesario ejercicio de movimiento continuo para lograr salir de la muchas veces narcotizante y equívoca zona de comodidad vital que fácilmente nos construimos y en la que nos solemos instalar.
Si admitimos que las soluciones a nuestros problemas se encuentran preferentemente en cada cual y no necesariamente en los demás o lo demás, cada uno podrá optar a ellas solo si es capaz de no renunciar a observar su vida desde todas las perspectivas posibles, aquellas que le permitan llegar a descubrir las caras más ocultas de su Razón y de su Emoción.
Razón en la que se apoya el Coaching para también contribuir a facilitar, a quien con valentía e ilusión se lo proponga, recorrer el apasionante camino para encontrar en la Ópera Contemporánea toda su Emoción…
Saludos de Antonio J. Alonso
Re-flexiones… 32
Re-flexiones… 31
Lo Educado y lo Adecuado
En estas fechas que corren he tenido la feliz oportunidad de compartir una Cena Aniversario de lo que fue mi añorada clase de preescolar y que luego sería de Enseñanza General Básica, ahora que casi todos sus alumnos hemos cumplido los 50 (pues algunos lamentablemente fallecieron ya).
Tras casi 40 años sin habernos visto muchos de los presentes, pasamos entre recuerdo y recuerdo una agradable reunión animada por las comparaciones entre el ayer y el hoy y las inevitables risas y chanzas sobre lo despejado o blanco de las cabezas de algunos y los kilos de más en las cinturas de otros, constatable realidad que obligó a más de uno a tenerse que identificar convenientemente ante las serias dificultades planteadas para ser reconocido por los demás.
Los tiempos cambian y en el sentir de todos (la mayoría, padres), una misma constatación: ¡ya no se educa como antes! Frase que lleva siendo repetida generación tras generación sin solución de continuidad y también, hay que decirlo, sin ninguna perspectiva temporal más allá de la estrictamente personal. Es evidente que nunca se educará como antes, pues no tendría sentido mantener algo mientras cambia todo lo demás. Otra cuestión distinta será que el sistema educativo actual no nos satisfaga y entendamos deba ser modificado para mejorar.
Es una realidad histórica y personalmente constatada que, incluso finalizando ya la década de los ´60 del siglo pasado, el reino del terror gobernaba la mayoría de los colegios religiosos de la España tardofranquista haciendo bueno aquello de… “la letra con sangre entra”, como alguna que otra cicatriz de mi cabeza así podría demostrar. Partiendo de esa base, poco de lo que ocurrió en las aulas pudo ser académicamente bueno y menos la educación recibida, al margen de algunos nostálgicos y sentimentales recuerdos personales que cada uno de nosotros nunca seremos capaces de apreciar con la suficiente objetividad.
En la actualidad, dicen los profesores que son ellos quienes acuden a clase con miedo. Es muy posible. Pero, más allá de las responsabilidades que con seguridad son inherentes al sistema educativo presente, en algo también deberán tener ellos parte de culpa, quizás por no desarrollar todo lo que fuera necesario sus competencias relacionales, aquellas que les permitan liderar a un grupo de chavales sin el recurso a la inaceptable y ya hace años periclitada imposición de la autoridad por el criterio del mando y castigo más dictatorial (Kurt Lewin). Es probable que los docentes de hoy no acaben de concederle todavía la importancia que merece su propio desarrollo en habilidades de liderazgo y de relación interpersonal (al mismo nivel incluso que el de sus conocimientos teóricos sobre las materias impartidas), tal y como ya valora cualquier directivo que aspira a conducir a su equipo de colaboradores por la senda del éxito empresarial.
La educación es la columna vertebral del desarrollo de las personas y condiciona muy mucho su transitar por la vida, pues establece las bases que determinan lo que entendemos como adecuado en cada momento para nosotros y para los demás. Sin duda, para muchos de los que estamos iniciando la cincuentena o incluso para otros más jóvenes, lo que es “Adecuado” ahora no puede ser deudor de lo que nos fue “Educado” entonces, realidad que prueba que el proceso de aprendizaje en las personas siempre exigirá continuidad, si lo que verdaderamente buscamos es vivir con pleno aprovechamiento y satisfacción las diferentes realidades que en cada momento de nuestra existencia nos va tocando afrontar y por qué no, también disfrutar…










