“No harán muy grandes cosas los vacilantes que siempre dudan de su seguridad”
¿Cuanto valen las Personas para las Empresas?

Muchos de los que nos dedicamos profesional y personalmente a defender con pasión la trascendental importancia que las Personas tienen en las Empresas, quizás no hemos sabido utilizar todavía el lenguaje que mejor comprenden los responsables de las mismas para tratar de convencerlos. Un lenguaje que deberá centrarse más en la concreción de los números que en la difusa dialéctica de las letras.
¡No nos equivoquemos! Con independencia de otras veleidades teórico-epatantes, desde hace decenios es la Cuenta de Resultados de cualquier compañía la que en última instancia condiciona las decisiones empresariales. Decisiones que inevitablemente se justifican por sus expectativas de aportación presente o futura a los beneficios esperados. Esta es la naturaleza intrínseca de todo negocio con ánimo de lucro y pretender ignorar esta realidad inevitablemente nos instalará en la eterna ingenuidad de lo deseable pero nunca factible.
Si muchos afirmamos convencidamente que las Personas son el primer y principal factor crítico de éxito en las Empresas y su contribución es la que mayor valor aporta a la consecución de los objetivos por ellas fijados, parece incuestionable la necesidad de cuantificar ese valor y de ser posible en términos monetarios (los únicos que intervienen en la Cuenta de Explotación), pues solo de esta manera podrá establecerse el verdadero retorno de la inversión realizada en costes laborales, facilitando así la adecuada gestión del conjunto de los miembros de una organización.
Hasta la fecha no parece que se hubiera avanzado mucho en la monetización del “valor” de las Personas en las organizaciones, dada la evidente dificultad en la parametrización de los componentes que explican el “cuanto” un empleado aporta a su compañía.
Afortunadamente, un reciente estudio realizado por Javier Uriz Urzainqui y Artemis Uriz Vandendries para la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) nos aporta algunas luces sobre este difuminado asunto.
El trabajo titulado “Investigación sobre la contribución del Factor Humano a la competitividad de la Empresa” identifica y analiza cuatro criterios para la medición de la aportación de valor de las Personas a las Empresas, con el siguiente orden de importancia:
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- Criterio del valor del trabajo (cuanto resuelve)
- Criterio del aprovechamiento de la formación (cuanto utiliza de lo que sabe)
- Criterio de la actitud (cuanto se implica)
- Criterio de la cantidad de trabajo (cuanto trabaja)
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Pues bien, tras la investigación, Javier y Artemis Uriz concluyen que…
“La diferencia entre el valor medio que obtienen de sus trabajadores las empresas más eficientes en Factor Humano y las menos eficientes es de 39.580 € por persona y año”
…dado que las más eficientes consiguen por empleado un beneficio en valor medio anual de 20.146 € y las menos eficientes una pérdida media anual de 19.434 €.
Es decir, que una compañía con 100 empleados que gestione adecuadamente su Capital Humano podría obtener un sobre-beneficio de 2.014.600 € anuales y la que lo descuide podrá añadir alrededor de 1.943.400 € en pérdidas.
Por tanto y según el Informe Ejecutivo de esta investigación sobre el valor de las Personas en las Empresas, el que unas sociedades logren beneficio donde otras obtienen pérdida no es tanto repercutible a los propios trabajadores sino al modo de gestionarlos que tienen unas y otras (ver “Estilos de Liderazgo”) y que finalmente puede “valer” alrededor de 40.000 € por persona y año.
A la vista de esto, es evidente que sobran ya las palabras convincentes si estos son los números convencidos…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Re-flexiones… 28
Re-flexiones… 27
50 años desde Kennedy hasta los Indignados

Lo primero que quiero escribir hoy es que (tal y como es mi costumbre)… no quiero escribir sobre política, o al menos sobre el componente político que pueda caracterizar al recientemente nacido en la Puerta del Sol de Madrid y ya internacional, movimiento de los “Indignados” (o del 15-M).
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la Indignación (del latín indignatĭo) como…
“Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”
…lo cual nos indica que este comportamiento suele manifestarse en las personas y siempre apunta contra otras personas.
De ser así (que lo es), la Indignación forma parte de ese tan singular grupo de manifestaciones humanas que se caracterizan por la identificación de los errores en los demás sin detenerse a observar los propios. La realidad nos certifica a menudo nuestra ancestral maestría por identificar la paja en el ojo ajeno sin percatarnos de la viga que obstruye el nuestro. Y aunque etimológicamente no sea así, el término Indignación debería contener una acepción (”Auto-Indignación”) que también lo vinculase a uno mismo, definiendo el saludable ejercicio de la humildad en el reconocimiento de los propios errores y áreas de mejora personal.
Los Indignados representan en la actualidad a una tipología de colectivo “anarco-laico-protestante” que no es nueva y que, de todas sus múltiples versiones, fue su estandarte la del Mayo Francés del ´68. Su característica más definitoria es la búsqueda de un mundo mejor desde la Utopía (del griego οὐ, no y τόπος o lugar que no existe) y que la R.A.E. asimismo define como…
“Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación”
Soy consciente de lo mucho que es necesario cambiar para mejorar nuestra sociedad y de que los cambios en ocasiones precisan de sonoros y decididos impulsos que desgraciada y frecuentemente suelen fracasar, tanto por la errónea elección de las vías reivindicativas como por la confusión en la comprensión de su verdadera factibilidad.
Es indudable que toda organización humana de índole política, empresarial, religiosa, deportiva, etc. para su eficiente desarrollo y perfeccionamiento requiere de la clara identificación de sus problemas y de la consecuente aportación de soluciones. Pero de soluciones posibles en su realidad circundante, de soluciones y objetivos S.M.A.R.T. (Específicos-Medibles-Alcanzables-Realistas-Temporalmente fijados) que ciertamente puedan aportar contribuciones aplicables y válidas a situaciones que siempre suelen ser mucho más complejas de lo que epidérmicamente puedan aparentar. Para avanzar eficazmente hacia la mejora siempre será imprescindible realizar un esfuerzo por concretar ”smartinamente”.
Creo sinceramente que la Indignación debería convivir con la Auto-Indignación pues no suele ser frecuente que al identificar problemas socio-económicos nos preguntemos sobre como nosotros mismos podríamos contribuir personalmente a su resolución, dado que hacer descansar la responsabilidad de encontrar las respuestas en los demás sin duda es mucho más cómodo y sencillo que la única formulación de las preguntas.
En este sentido, quiero recordar aquellas ya cincuentenarias pero todavía hoy vigentes palabras de J.F. Kennedy en su famoso discurso de investidura en 1961, cuando afirmó…
“Pregúntense, no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país”
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Re-flexiones… 26
Re-flexiones… 25
Reflexiones sobre el Talento

Puede que el famoso Ser o no Ser… del dubitativo príncipe Hamlet no se refiriese al Talento, aunque muchos afirman categóricamente convencidos que su posesión es una cuestión de nacimiento, lo cual yo vengo a dudar.
Y tampoco pensaba así el talentoso y aclamado actor español José Mª Rodero (1922/1991) al afirmar…
El Talento no es un don celestial, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales
En efecto, el Talento nunca lo es o lo será desde el recreo inmovilista de las propias capacidades innatas pues precisa de un necesario desarrollo o progreso enriquecedor, cuyo carácter no puede ser aleatorio sino que requerirá de la insistencia paulatina y regular, tal y como nos propone el periodista y escritor Francisco Umbral (1935/2007)…
El Talento, en buen medida, es una cuestión de insistencia
Por tanto, sería conveniente desmitificar el Talento al tratarse de una cualidad (en lugar de un don) que puede ser bastante más corriente de lo supuesto y que necesita de la constancia para manifestarse y perfeccionar, según nos indica la británica Premio Nobel de Literatura Doris Lessing (1919/-)…
El Talento es algo bastante corriente, pues no escasea la inteligencia sino la constancia
Será otro escritor, el francés Honoré Balzac (1799/1850) quien avanzó por esta orientación al relacionar la constancia con el único motor capaz de activarla: la voluntad…
No existe gran Talento sin gran voluntad
Claro está que sin menospreciar al Talento, este no lo podemos confundir con el Genio, ahora sí, eso verdaderamente infrecuente tal y como el filósofo suizo Henry F. Amiel (1821/1881) nos lo viene a ilustrar…
Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del Talento; hacer lo que es imposible al Talento, he ahí el signo del Genio
El Talento es condición necesaria para el Genio, aunque solo fuera por lo que nos revela el también Nobel de Literatura, André Gide (1859/1951) con ganas de ironizar…
Se necesita mucho Talento para hacer soportable un poco de Genio
Una de las manifestaciones más evidentes del tener Talento es la que viene asociada con el concepto de contención (de actos, gestos y palabras) que, en el aspecto verbal es si cabe más evidente, segúnel escritor romántico Mariano José de Larra (1809/1837) nos viene a apuntar…
El Talento no ha de servir para saberlo y decirlo todo, sino para saber lo que se ha de decir de lo que se sabe
Contención verbal que también deberá servir para disimular en algunas ocasiones la impericia oratoria, como el moralista francés Jean de la Bruyere (1645/1696) así nos lo viene a explicar…
Es una enorme desgracia no tener Talento para hablar bien, ni tenerlo para saber cerrar bien a boca
Pero volviendo al planteamiento hamletiano inicial, el Talento es evidente que nada tiene que ver con la supuesta rifa del destino, por más que muchos no talentosos atribuyan interesadamente siempre a la suerte el privilegio de poseerlo. El dramaturgo Jacinto Benavente (1866/1954) lo pensaba así al hilvanar los dos conceptos de manera magistral…
Muchos creen que tener Talento es una suerte. Pocos que la suerte pueda ser cuestión de tener Talento
Al final, podríamos concluir que desarrollar nuestro Talento nos puede permitir vivir mucho más de lo que nos toca, según ya dijo hace dos mil años el poeta romano Publio Siro apelando a la eternidad…
Así como el ignorante está muerto antes de morir, el hombre de Talento vive aun después de muerto
Sin duda, escribir como lo hicieron los autores antes citados parece que también es una cuestión de eso que llamaron Talento, que ellos mismos fueron capaces de cultivar y que les perpetuará por el valioso hecho de haberse esforzado en querer y conseguir hacer algo mejor que los demás…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro





