“Los críticos ven la música y oyen la pintura”
Re-flexiones… 1.569 (arte)
Re-flexiones… 1.568 (arte)
El analfabeto del siglo XXI
Hoy llamamos analfabeto a quien no sabe escribir (y por tanto leer), pero en breve el término deberá modificar esta ya limitada acepción para incorporar otra competencia, quizás superior. Si hasta la fecha, la escritura nos ha hecho independientes y libres a la hora de gestionar nuestra opinión, puede que ya estemos perdiendo esa condición los que no sabemos programar, es decir, quienes ignoramos como se escribe en el lenguaje más utilizado y universal: el de los ordenadores y en general de todos los sistemas de computación.
Alguien podrá considerar desproporcionada esta afirmación guiado por el espejismo que supone el invento de los interfaces que, a modo de un moderno escribano del siglo XXI, nos adecuan los programas al lenguaje que conocemos y que ya pertenece al siglo anterior. Por poner un ejemplo particular que también se ampara en el mundo del ordenador, la situación se asemeja a la de los traductores de idiomas por escrito (quizá no tanto los orales por no requerir de tanta precisión), cuyo uso todos sabemos que ofrece unos mejorables resultados aún hoy (en un futuro puede que no) y que condicionan el sentido final de la literalidad de las palabras originales llegando peligrosamente a desvirtuarlas de no tomar muchas precauciones en su corrección (quizás por ello nadie en su sano juicio utilizaría un traductor para redactar una emocionada carta de amor).
No conocer el lenguaje de la programación nos hace dependientes y esclavos de aquellos que sí lo manejan y nos manejan a su entera disposición. Y si alguien quiere una prueba de esto, que se pregunte el porqué de los anuncios tan segmentadamente atinados que recibe insistentemente en su ordenador.
Soy consciente de que lo dicho suena a ciencia ficción, la misma que percibió aquel descreído vecino de Gutenberg cuando esté le contó que había inventado una máquina que revolucionaría el mundo de la comunicación…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Re-flexiones… 1.567 (arte)
Re-flexiones… 1.566 (arte)
Re-flexiones… 1.565 (arte)
La lotería nunca me tocará…
El pasado 22 de Diciembre, viajando en AVE a Madrid, me enteré de que el premio gordo del Sorteo de Navidad había tocado allí y además en el mismo barrio donde vive mi madre, que llevaba un décimo pero no del número agraciado. Vuelvo a Valencia y el primer premio del Sorteo del Niño cae en Torrente y el tercero en Benetuser, ambos en el área metropolitana de mi ciudad.
¿Cuál será mi próximo viaje…? Quien me conozca sabrá que me da completamente igual, pues nunca juego a la lotería ni a ningún juego de azar en la convicción del alto coste de oportunidad de cualquier gasto realizado en asuntos de azar.
¿Y cuál es ese coste de oportunidad…? Parece evidente que la parte más fácil de determinar es la monetaria, la del importe en dinero gastado, cuyo aprovechamiento nadie dudará que es más probable en casi cualquier otra posibilidad.
Pero hay otra consecuencia que en mi opinión tiene mayor repercusión en el monto total y es la referida a la actitud vital que viene prescrita por la confianza en la casualidad. Una actitud que mira hacia alrededor en lugar de fijarse en la propia personalidad, en donde lo exógeno se toma como determinante de los resultados y lo endógeno como un resignado espectador a la espera de una aleatoria bondad.
Claro está que en todo esto hay grados de intensidad, pero hasta el más leve ejerce de freno a la proactividad personal en un tiempo actual que pide de todo nuestro potencial para no quedarnos atrás.
La lotería nunca me tocará… estadísticamente, ni aun jugando de verdad…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro











