Lo que no es el Coaching

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¿Alguien sabe lo que es el Coaching? Seguro que ya son muchos, pero la falta actual de unanimidad en su definición lleva más a la confusión que a la necesaria identificación y concreción de una disciplina que, de tanto enriquecerse con nuevas tendencias y acepciones, sufre el peligro de desdibujarse para perderse en la indefinición más total.

Al Coaching le ocurre lo mismo que al embudo cuando vertemos mucha agua y este no da abasto para evacuarla, desbordándose por su boca. No todo puede ser Coaching, por más que algunos pretendan aprovechar el estado actual de relativa notoriedad mediática de esta especialidad para formular su propia definición que, claro está, siempre suele ser afín a sus más directos intereses profesionales y a su capacidad.

En consecuencia, no seré yo quien proponga una nueva descripción reproduciendo nuevamente lo anteriormente censurado, por lo que me limitaré a señalar aquello que, en mi opinión, no es el Coaching y nadie debería aceptar…

-Coaching no es Formación, pues esta se distingue por trasladar saberes y aquel solo busca el cómo aprovecharlos (el Coaching comienza donde la Formación viene a terminar).

-Coaching no es Mentoría, pues huye del consejo normativo para encontrar la cuestión que ayude a reflexionar.

-Coaching no es Consultoría, pues frente a la aportación ajena de soluciones defiende que estas se tienen que buscar.

-Coaching no es Psicología, pues lejos de ser una ciencia que estudia la conducta y el comportamiento humano solo es una metodología que ayuda a cambiar.

-Coaching no es Psiquiatría, pues lo que todo enfermo mental necesita es un medico y no un Coach.

-Coaching no es Filosofía, pues las teorías sobre el sentido de la vida son necesarias pero de nada sirven si no se llegan a practicar.

-Coaching no es Esoterismo, pues lo aleatorio, misterioso e iniciático no se lleva muy bien con el necesario orden y sentido común que debe ser consustancial a la práctica del Coaching procedimental.

-Coaching no es dictar Conferencias y Seminarios sobre Desarrollo Personal, pues esto siempre se acercará más a la Formación y no a la interacción personal entre dos personas sin más.

-Coaching no es impartir Clases de Coaching, es decir, formación para futuros Coach.

-Coaching no es Escribir Libros y Artículos, pues nada de lo que se pretenda publicar (por muy acertado que sea) podrá nunca competir con un diálogo biunívoco y presencial.

-Coaching no es Auto-Coaching, pues ocurre lo mismo que con el tenis, deporte que en solitario no se puede jugar.

-Coaching no es Tele-Coaching, aunque algunos lo utilicen para vender en cualquier lugar.

-Coaching no es Mejora Profesional y Personal, pues estos son los destinos a alcanzar siendo el camino el que el Coaching se encarga de facilitar.

-Coaching no es una Moda, pues su vigencia desde hace décadas en los países desarrollados donde nació garantiza su perdurabilidad y progresiva implantación internacional.

-Coaching no es el Arte de Preguntar sin más, pues en algunas ocasiones también son necesarias las respuestas del Coach.

-Coaching no es Complicación, pues toda tendencia que no busque la sencillez estará condenada a fracasar.

-Coaching no es otra Salida Profesional más, pues pese a la práctica inexistencia actual de barreras de entrada todavía lo son menos las de salida, de no entender que para ser un buen Coach mañana hay que ser hoy un excelente Comercial.

-Coaching no es mi Profesión, pues es algo más que trasciende el puro concepto laboral…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro

Re-flexiones… 112

“La vida del hombre es interesante, especialmente si ha fracasado, pues ello indica que trató de superarse”

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Georges Benjamin Clemenceau

Ser como James Bond


Escribir en un Blog de Coaching que trata sobre desarrollo personal y profesional y titular un artículo como el que encabeza el presente, puede parecer la mejor forma de meterse en un callejón sin salida del que no poder escapar sin perder para siempre la credibilidad autoral.

A estas alturas no parece muy necesario presentar a Bond, James Bond. Paradigma del eterno agente secreto cuya refinada y seductora heroicidad se alimenta de un frívolo e inagotable talento testicular que vale tanto para coleccionar conquistas y amores imposibles como cadáveres de inefables enemigos, eso sí, con licencia de Su Graciosa Majestad.

No hay personaje cinematográfico de carne y hueso que, aparentemente, pueda alejarse más de la realidad y desde hace décadas e intérpretes sea imbatible en las preferencias de un público con marcado carácter intergeneracional. A ellos, porque les gustaría ser como él y a ellas, porque les gustaría estar con él (aunque obviamente también caben otras combinaciones según los gustos sentimentales de cada cual).

Para ser fan de una persona o de un personaje solo debe cumplirse un sencillo principio de carácter general: que haga algo que nos guste y nosotros no hagamos o lo hagamos mucho peor (aunque a veces no sea verdad).

Pues bien, públicamente yo me confieso que también soy fan de James Bond. ¿Por qué será…?

Dejando a un lado lo que liga, lo que conduce, lo que viste, lo que bebe, lo que juega o a los que puede…, el personaje creado en 1953 por Ian Fleming atesora otra serie de competencias menos cinematográficas que sí son muy a considerar para caminar seguro por este inquietante mundo actual.

Las más evidentes son las de su eterno Compromiso con una causa (la del bando de los supuestamente buenos) que le lleva a plantear una Unicidad de Comportamiento, consiguiendo así la Fiabilidad que resulta imprescindible para contar con la Confianza de los demás y especialmente de M, quien siempre le perdona sus coqueteos con lo fuera de la ley, de Q que hace lo propio cuando escacharra cualquiera de sus gadgetianos inventos o de la eternamente enamorada Miss Moneypenny quien, resignada a aceptar que nunca podrá sentarse en la primera fila de su corazón, sueña con estar solo unas filas atrás.

Transitar por la vida comprometidos con nuestras causas y actuando sin doblez es la mejor forma de ganar credibilidad ante quienes nos queremos relacionar. Por el contrario, la hipocresía es la peor compañera de viaje que podamos elegir pues, estoy convencido, es el defecto que menos perdonan y olvidan los demás.

Por naturaleza, también destaca del comportamiento de nuestro británico agente su fino Sentido del Humor (magistralmente introducido por Roger Moore en los ´70, retomado por Pierce Brosnan en los ´90 y ahora algo olvidado por el actual, Daniel Craig). Si hace casi dos décadas la irrupción golemaniana del concepto de Inteligencia Emocional supuso la consideración de un escalón superior al de la Inteligencia Racional, últimamente comienza a hablarse de otro nivel más completo para la valoración de las capacidades humanas: la Inteligencia Humorística. Así, algunos piensan que quien atesora Inteligencia Humorística tiene asimismo la Emocional y por supuesto la Racional. Sin poderlo aquí demostrar, dado que desconozco que parámetros de valoración se vienen a utilizar, de forma intuitiva yo comparto también esta hipótesis pues, en mi vida, a ninguna persona de éxito que haya conocido le faltaban grandísimas dosis de ese Sentido del Humor que minimiza cualquier pesar.

Finalmente y desde hace casi 50 años (Agente 007 contra el Dr. No se estrenó en 1962), James Bond demuestra cumplidamente en todas sus aventuras la que siempre he defendido como la cualidad primera y principal para la consecución de buenos resultados en la vida: la Perseverancia (que en su caso se traduce como un no rendirse jamás). Solo baste un sencillo ejercicio de recapitulación de los pequeños o grandes fracasos que han importunado nuestra vida para concluir que, posiblemente, la mayoría de estos están motivados por el abandono del esfuerzo necesario para la consecución de lo buscado (nos rendimos), independientemente de la justificación de las razones que nos llevaron a claudicar. Es obvio que la vida es una carrera de larga distancia y no la sucesión de agotadores y alocados esprines que, en muchas ocasiones, carecen del necesario orden y conexión para hacernos progresar.

Por todo lo dicho concluyo que me gustaría Ser como James Bond pues, aunque algunos digan que Solo se vive dos veces (1967), estoy convencido de que El mañana nunca muere (1997) si somos capaces de vivir con Alta tensión (1987) y aceptar el ambicioso reto de que El mundo nunca es suficiente (1999) para poder soñar con esos Diamantes para la eternidad (1971) que ofrecer a alguien y… Solo para sus Ojos (1981)…

 

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro