Benjamin Franklin (1706-1790), estadista y científico norteamericano, vino a afirmar:
“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”
En tiempos del Sr. Franklin, el Coaching no se había inventado o quizás mejor, lo que no se conocía era el nombre de la disciplina pues, sin saberlo, algunos lo llegaban a practicar.
Mucho antes, en la antigua Grecia, desde Sócrates y la Mayéutica ya se utilizaba la pregunta como fuente de conocimiento y resolución de problemas, considerando que las respuestas están ocultas en la mente de cada ser humano y el encontrarlas solo depende de identificar los interrogantes adecuados que ejerzan de focos iluminadores en la oscuridad. Por esto se considera a Sócrates el padre del Coaching, anglicismo que no beneficia a su comprensión total.
¡Qué razón tenía B. Franklin al distinguir entre decir, enseñar e involucrar!.
– Decir atiende a todas esas comunicaciones que, bien referidas a temas importantes como a los intrascendentes, no somos capaces de trasladar adecuadamente a su interlocutor, malográndose esa información por perdida de interés y curiosidad.
– Enseñar ya requiere un esfuerzo mayor, pues la voluntad del enseñante es que quien le escucha aprenda, aunque esto rara vez se da. En la mayoría de las ocasiones, el proceso de enseñar solo consigue marcar un leve recuerdo en la mente del alumno que, con el tiempo, va desdibujándose como un cuadro mojado por el agua de lluvia otoñal.
– Involucrar a los demás sin duda es lo más efectivo, pues consigue el aprendizaje óptimo al vincular lo comunicado con el compromiso del receptor para tenerlo que usar. Involucrar no es enseñar, porque enseñar utiliza la respuesta, mientras que involucrar necesita de la pregunta más cabal.
¿Responder o preguntar…?
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro


