Una โ€œFlauta mรกgicaโ€ de efectos especiales en Les Arts

En la historia de la mรบsica occidental de los รบltimos cuatrocientos aรฑos, solo destacan unas pocas decenas de compositores cuya calidad ha sido merecedora de la inmortalidad, entendida esta como viva presencia en los conciertos, las representaciones de รณpera y las grabaciones de la actualidad. De todos ellos, un reducido grupo pudo y supo alternar la escritura para la escena con la concertista, dรกndose un fenรณmeno en sus obras tan singular por comรบn que vale la pena comentar.

Y es que cada autor desarrollรณ su propio estilo musical, representado bรกsicamente en su obra instrumental: el amabilismo de Mozart, la vehemencia de Beethoven, el nacionalismo de Mussorgsky, el melodismo de Chaikovski, el simbolismo de Debussy, la figuraciรณn de Strauss, el impresionismo de Ravel, el vanguardismo de Stravinski, la rebeldรญa de Shostakovich y tantos mรกs. Casi todos ellos compusieron รณperas cuyo sonido no terminaba de encajar en el del resto de su obra, por tratar de llevarlo unos pasos mรกs allรก, por buscar nuevas formas de expresividad. Asรญ, por ejemplo, podemos significar la gran distancia percibida entre la โ€œQuinta Sinfonรญaโ€ de Chaikovski y su โ€œDama de picasโ€, la evidente en Strauss desde el โ€œDon Juanโ€ hasta su โ€œElectraโ€ o las enormes diferencias de la โ€œPavana para una infanta difuntaโ€ con โ€œEl niรฑo y los sortilegiosโ€ de Ravel, partituras que nos presentan serias dificultades cuando las intentamos relacionar. El mismo Beethoven trenzรณ su โ€œFidelioโ€ con unos mimbres muy distintos a los de su sinfonismo, lo que le llevรณ en un principio a fracasar.

En Mozart no ocurre del todo igual, pues la mayorรญa de sus รณperas, incluidas esas tan cรฉlebres con Lorenzo da Ponte (โ€œLas bodas de Fรญgaroโ€-1786, โ€œDon Giovanniโ€-1787 y โ€œCosรฌ fan tutteโ€-1790), conservan el mismo espรญritu galante dentro de un clasicismo de manual. No obstante, en la โ€œLa flauta mรกgicaโ€-1791 podemos encontrar elementos singulares derivados de un delicado forzamiento musical hacia ese simbolismo mรญtico que a la masonerรญa quiso homenajear. Disfrazada de un cuento de hadas que no es tal, esta zarzuela alemana (singspiel) esconde mucho mรกs de lo que E. Schikaneder escribiรณ en el libreto y podemos encontrar en una partitura cuya reiteraciรณn por triplicado de acordes, elementos narrativos y personajes, muestra su orientaciรณn hacia esa sociedad secreta de rituales esotรฉricos e iniciรกticos que promueve la bรบsqueda de la verdad. Las famosas arias de La Reina de la Noche, Sarastro o el dรบo de Papageno y Papagena, no dejan de ser una popular anรฉcdota en esta obra con vocaciรณn de originalidad. Es posible que, sin ellas y alguna que otra mรกs, โ€œLa flauta mรกgicaโ€ no fuera la รณpera mรกs representada de su autor y una de las primeras del top mundial. Y es que Mozart… (โ€œaquรญ y allรก encontrarรกn satisfacciรณn los entendidos, pero lo escribo de tal manera que los no entendidos tambiรฉn queden satisfechos sin que sepan exactamente el porquรฉโ€) โ€ฆsiempre supo quรฉ tecla tocar para deleitar.

Tanto en la anterior presentaciรณn de 2018 como en la de esta temporada en Les Arts, Ramรณn Gener se obstina en demostrar que la mรบsica (no el libreto, claro estรก) de โ€œLa flauta mรกgicaโ€ es feminista, al igual que lo fue su autor, olvidando que el resto de su obra (โ€œCosรฌ fan tutteโ€, en especial) lo venga a desmontar. ยฟAlguien puede asegurar que Mozart, en pleno siglo XVIII, considerรณ al hombre y la mujer en un plano de moderna igualdad? Si ello fuera asรญ, por insรณlito y perturbador en aquel tiempo, hubiera llegado a nuestros dรญas, no como una hipรณtesis actual, sino como la constataciรณn histรณrica en letras mayรบsculas de toda una verdad. Trasladar el genio en el ejercicio de una actividad artรญstica, deportiva o profesional a la vida personal es uno de los errores que la mitificaciรณn se obstina en falsear. Y es que en esta vidaโ€ฆ โ€œnada es verdad ni mentira, todo es segรบn el color del cristal con que se miraโ€ y con maรฑa, cualquier idea se puede argumentar (yo mismo, de esto, tampoco me puedo librar). ยกAh! y aunque solo sea por esta vez, quiero constatar que mis frecuentes alusiones al Sr. Gener no lo son a tรญtulo particular, sino por tratarse del vehรญculo principal de comunicaciรณn oficial de las รณperas del Palau de Les Arts. A pesar de frecuentes diferencias de opiniรณn, sigo sus divertidas explicaciones adornadas por el inmortal piano de Clemente y su tantas veces falseteada voz baritonal.

Tras las programaciones de 2013 y 2018, ayer tuvo lugar el estreno en Valencia de la aclamada producciรณn de la Dutch National Opera, el Festival Aix-en-Provence y la English National Opera de โ€œLa flauta mรกgicaโ€ a cargo del escenรณgrafo Simon McBurney, todo un festival de efectos especiales cuyas ramas visuales dificultaron ver el bosque de la musicalidad. Algo asรญ como las pelรญculas (buenas) de superhรฉroes, que nos mantienen enganchados a la pantalla mientras dura el espectรกculo y luego todo se tiende a olvidar. Lo visto combina la escenografรญa minimalista (una plataforma oscilante en un escenario sin mรกs) con las originales proyecciones simultรกneas creadas al momento por un hรกbil dibujante y ante los ojos de todo el personal. Pues bien, tanta es la carga de informaciรณn visual que me resultรณ complicado atender a lo musical, porque mi cabeza no daba para mรกs. Aun con esto, la propuesta es original y bien se podrรญa salvar de no ser por la comisiรณn de un pecado mortal: traspasar las fronteras de lo escรฉnico para entrar en una partitura que nunca se debiera alterar, es decir, pasar de los efectos especiales que vemos a los que podemos escuchar.

Tal y como ocurriera con la primera grabaciรณn de estudio de โ€œEl Anillo del Nibelungoโ€ de Solti/Culshaw (1958-65), el debate sobre la introducciรณn de efectos electrรณnicos de sonido en obras creadas siglos atrรกs parece no acabar. En mi opiniรณn, perjudican sobremanera la idea original, que siempre hay que respetar. De esto, ayer los tuvimos para dar y tomar. Pero aรบn es mรกs, pues en un momento determinado, โ€œLa flauta mรกgicaโ€ dejรณ de ser un singspiel alemรกn para convertirse en valenciano himno regional, pasando de Mozart a Serrano sin soluciรณn de continuidad. Asimismo, algรบn personaje hablรณ en castellano, recordรกndome aquel 2018, cuando escribรญโ€ฆ โ€œPara colmo, parte de los recitativos de la obra (y otros inventados en forma de chascarrillos para halagar a esta ciudad) se pronunciaron traducidos al castellano por los figurantes y los cantantes, sin criterio alguno para ello, pues hasta los mismos solistas alternaron el alemรกn con nuestro idioma en un zarzuelero desbarajuste sensorial que al mismรญsimo Mozart le hubiera obligado a visitar el baรฑo para vomitarโ€. En fin, intentos de ganarse el favor popular que atentan contra el buen gusto y el copyright. Ante esto, que Papageno miccionase en una botella (sonido incluido) queda como un agravio comparativo venial.

Tampoco soy partidario de implicar al espectador en la representaciรณn (que paga para ver y no para actuar), pues a muchos esto se le hace tan incรณmodo como difรญcil de disimular. Las mรบltiples evoluciones de los personajes por el patio de butacas incluyeron el paso por una fila entera, que obligรณ a levantarse a todos los presentes, algo imposible de haber elegido una de mรกs atrรกs, donde se encontraba, sentado como siempre, Ramรณn Almazรกn. Ademรกs, muchas caras anรณnimas fueron filmadas y proyectadas en formato โ€œking sizeโ€, para regocijo de quienes no aparecรญan y desazรณn de los que fueron nominados como improvisados actores sin antes preguntar.

La traslaciรณn temporal, que hoy en dรญa parece ser de obligaciรณn general, lleva la trama a lo que parece ser la actualidad, sin mayor justificaciรณn conocida que la de ahorrar en un vestuario muy normal. No estoy en contra de situar las รณperas en otro tiempo y lugar, valiendo el ejemplo de la interesante versiรณn cinematogrรกfica de esta obra que Kenneth Branagh filmรณ en 2006, ambientada en la I Guerra Mundial.

El balance vocal no se alejรณ de lo que viene siendo habitual: buena elecciรณn de cantantes que, sin deslumbrar, nos elevan siempre el espectรกculo por encima de lo visual. La mayorรญa con voz ajustada a su papel, con la excepciรณn de Giovanni Sala (Tamino), cuya emisiรณn lรญrica se aleja del frรญo metal que pide este prรญncipe, precedente del tenor heroico que luego Wagner harรญa inmortal y el insuficiente Monostatos de Brenton Ryan, a quien no se le llegaba a escuchar. A destacar la presencia y solemnidad en el Sarastro del bajo Matthew Rose; el excelente registro vocal de la joven soprano espaรฑola Serena Sรกenz (premio ร“pera Actual 2023), que encarna una Pamina de corte muy alemรกn; la demostrada coloratura (aunque no tanta agilidad) de la especialista en Reina de la Noche, Rainelle Krause, quien tuvo problemas en su primera aria para luego abordar con soltura la segunda, tan pirotรฉcnica y popular; la correcta Iria Goti, del Centro de Perfeccionamiento, componiendo una graciosa Papagena en lo gestual y la magnรญfica prestaciรณn tanto vocal como actoral del barรญtono Gyula Orendt como Papageno, quizรกs el rol operรญstico con mรกs personalidad y que, cuando no se exagera, suele arrasar.

Los conjuntos de la casa, como siempre, volvieron a triunfar. La OCV y Gaffigan, un tanto desajustada con respecto a los cantantes en algรบn pasaje, brillรณ con un sonido aterciopelado a lo Filarmรณnica de Viena con Karl Bรถhm y el Coro no le fue atrรกs, controlando en todo momento cualquier ansia de efusividad, sabedores de que en Mozart todo es gusto, encaje y ecuanimidad.

No quiero terminar sin mencionar las reveladoras palabras que pronuncia el personaje interpretado por Josรฉ Sacristรกn en โ€œRomaโ€, esa excelente pelรญcula que dirigiรณ en 2004 Adolfo Aristarain. Encarna a un escritor maduro y desengaรฑado, al parecer muy aficionado a la mรบsica clรกsica, pues le vemos en una estancia repleta de discos escuchando a todo volumen una sinfonรญa de Brahms. En un momento determinado dice que la mรบsica ya no le apasiona como cuando era joven y que ha dejado de sentir esa incontenible emociรณn que protagonizaba el descubrimiento de nuevas obras y la asistencia a los primeros conciertos… tal y como me ocurre a mรญ, muy a mi pesar. Y es que la mรบsica, como las personas, tambiรฉn es sujeto de enamoramiento, cuyo irrefrenable fulgor no puede durar mรกs que el conocimiento de lo amado, hasta que con el tiempo se convierte en la aceptada repeticiรณn de una remansada cotidianidad.

Finaliza con suspenso general en lo escรฉnico y notable alto en lo musical la presente temporada de grandes รณperas en Valencia. En la prรณxima tendremos โ€œManonโ€ (J. Massenet-1882), โ€œIl Trovatoreโ€ (G. Verdi-1853), โ€œDiรกlogo de Carmelitasโ€ (F. Poulenc-1953), โ€œLยดOrfeoโ€ (C. Monteverdi-1607), โ€œEl holandรฉs erranteโ€ (R. Wagner-1843), โ€œGianni Schicchiโ€ (G. Puccini-1918), โ€œTamerlanoโ€ (G.F. Hรคndel-1724) y โ€œRoberto Devereuxโ€ (G. Donizetti-1837), sin olvidar los recitales de Juan Diego Flรณrez, Sondra Radvanocsky y Piotr Beczala, Joyce DiDonato o el anhelado debut de Anna Netrebko en El Palau de Les Arts. Tras dieciocho aรฑos ininterrumpidos, espero estar, porque no lo puedo dejar, aunque cada aรฑo sea mรกs escรฉptico, como Sacristรกn. Son las tremendas cosas de la edad…


No hay una grabaciรณn que exprese mejor lo que musicalmente significa el singspiel alemรกn que la registrada por EMI en 1964, dirigiendo Otto Klemperer a esa maravilla de los aรฑos sesenta que fue la Orquesta y Coros Philharmonia, junto con las mรกs destacadas voces del momento para cada personaje principal: Gedda, Janowitz, Berry, Unger, Popp, Frick, Schwarzkopf y Ludwig quienes, al no interpretar las partes habladas, impidieron que este registro tenga la consideraciรณn de referencial.

Re-flexiones… 4.166 (mujeres)

“La mujer, estรก donde le corresponde. Millones de aรฑos de evoluciรณn no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos”

ย Albert Einstein

Re-flexiones… 4.164 (mujeres)

“La gran pregunta que nunca ha sido contestada y a la cual todavรญa no he podido responder, a pesar de mis treinta aรฑos de investigaciรณn del alma femenina, es: ยฟquรฉ quiere una mujer?”

Sigmund Freud