“La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las hogueras”
El “SISU” y la felicidad
Se dice que… de la necesidad, virtud y desgraciadamente suele ser así. Sin necesidad no solemos generar virtud, aunque algunos pretendan eludir esta realidad declarándose estar en el país de la eterna felicidad.
No se puede negar que los pueblos que han tenido que afrontar mayores dificultades son los que han forjado un carácter más fuerte para el éxito de su supervivencia y de ellos, los de la inhóspita Europa nórdica constituyen una de las mejores muestras que podamos encontrar. Por ejemplo, los finlandeses se caracterizan por tener SISU, algo con lo que se identifican y que vendría a ser una especie de estoicismo moderno que les permite afrontar la adversidad y la desgracia para aspirar a mejorar constantemente su bienestar.
El SISU podría identificarse por un compendio de perseverancia, gestión del estrés, honestidad e integridad, capacidad de resolución de conflictos, resiliencia, visión de futuro, establecimiento de objetivos, valentía y autoconfianza. En fin, casi todos los ingredientes que facilitan la dificultad de la vida y que han posicionado a estos pueblos como modelo mundial de éxito económico y social.
No obstante, resulta ser que los españoles nos declaramos sentir más felices que los nórdicos, aun careciendo de muchas de esas competencias que integran el SISU, lo cual parece difícil de explicar. ¿Cómo cruzar el mar sin un navío adecuado para no zozobrar…?, ¿Vale lo mismo una patera que un transatlántico con todos los avances técnicos y medidas de seguridad?
La respuesta no puede ser más descorazonadora por su ausencia de pragmatismo y carga de falsedad: con independencia de su situación, casi todos los pueblos dicen ser los más felices, al igual que casi todos los hijos son los más guapos para sus padres o casi todas las poblaciones son las más bonitas para quienes han nacido allí, con independencia claro de la objetiva realidad.
Y es que al final se vienen a transmutar los términos hasta llegarnos a declarar un interesado… de la virtud, necesidad…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
Re-flexiones… 1.697 (audacia)
Re-flexiones… 1.696 (audacia)
Re-flexiones… 1.695 (audacia)
Re-flexiones… 1.694 (atrevimiento)
Re-flexiones… 1.693 (atrevimiento)
Re-flexiones… 1.692 (atrevimiento)
Re-flexiones… 1.691 (atrevimiento)
¿Poder o querer cambiar…?
Confundir querer con poder es la peor manera de engañar a uno mismo y a los demás. En… Las excusas son siempre causas cómplices así lo quise explicar. No hay nada peor que vivir parapetado en la disculpa y alejado de la realidad. Cambiar siempre es posible y no tiene situación ni edad.
Esto lo han demostrado unos estudios de la Universidad de Edimburgo y del Centro de Investigación de Oregón en donde, tras analizar amplias muestras poblacionales a lo largo de decenios, concluyen que las personas podemos cambiar muchos rasgos de nuestra identidad y de hecho así ocurre normalmente en nuestra vida, aunque de ello no seamos muchas veces conscientes porque lo más habitual es cambiar dejándonos llevar por las circunstancias y no a partir de la proactiva decisión personal.
Efectivamente, la clave se encuentra en la manera de cambiar: a favor o en contra de la corriente. Cambiar por efecto o cambiar por causa. Cambiar por reacción o cambiar por decisión. Que nuestra vida nos cambie o que nosotros la queramos cambiar.
Ante las dificultades de la realidad es muy común trasladar ese crepuscular discurso que finaliza diciendo… yo soy así y no puedo cambiar, toda una declaración de punto y final ante cualquier actuación nuestra que no es del agrado propio o de quienes nos tienen que aguantar. Y a partir de aquí, la liberación de toda responsabilidad: la patata en el tejado de lo imposible o de los demás. El mirar a otra parte en donde nunca se encuentra el camino del desarrollo personal. La resignación vestida de falsa incapacidad.
Y… ¿cómo cambiar? Si yo lo supiera no estaría escribiendo aquí sino en el New York Times. Cada quien es cada cual y resulta imposible recetar algo que a todos pueda encajar. Es como buscar una aguja en un pajar. Ahora bien, de lo que no hay duda es que para cambiar hay que querer primero de verdad y luego, si se puede o no, ya se verá…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro











