El falso mito de la… “Fuerza de Voluntad”

Maratón de Valencia

Recientemente se ha celebrado una nueva edición del Maratón Popular de Valencia. La mayoría de los animosos espectadores congregados en la línea de meta manifestaban su admiración por la fuerza de voluntad de los participantes que la cruzaban, aunque estos ciertamente saben que la clave de su éxito es otra, tanto sea para correr los míticos 42,195 km. como para cualquier tarea exigente que en su vida se propongan alcanzar.

Llevo treinta y siete años practicando deporte a diario y ya hace algunos que rebasé los 75.000 Kilómetros… re-corridos. Es indudable que ni yo ni nadie puede sostener el peso de una tarea en el tiempo que requiera de un esfuerzo continuado durante decenios a base de Fuerza de Voluntad pues esta, a semejanza del arco, solo aprovecha para dar el impulso a la flecha pero no para mantener su velocidad.

No nos equivoquemos: la Fuerza de Voluntad sirve para comenzar pero no para continuar y en esta vida no triunfa el que mucho inicia sino el que todo o casi todo logra terminar. Finalizar lo principiado no es cosa de mayor o menor voluntad sino fundamentalmente de capacidad de Perseverancia, sin duda esa gran competencia oscura y silente que es ya probado se encuentra en la clave de la explicación de todo éxito que merezca la pena intentar.

La Perseverancia, ejemplificando, es lo que nos permite mantener el pie en el acelerador de nuestro vehículo para que este, tras el arranque, no se detenga. Y mantener el pie en el acelerador será siempre menos esforzado que andar soltándolo y presionándolo constantemente. Tan es así que, lo que aceptablemente soportamos después de dos horas de conducción por carretera, nos agota rápidamente de acontecer en ciudad.

Entonces, dado el significativo valor de la Perseverancia en nuestra vida… ¿cómo la podríamos mejorar? Pues desde luego no solo con proponérselo. La Perseverancia es una entelequia, por lo que no es posible mejorarla en si misma sino solo en su aplicabilidad, es decir, en aquellas situaciones que precisan de ella. Siendo entonces esto así… ¿cuál puede ser la herramienta que nos pueda permitir ser constantes en cada actividad diferente sin sentir el agotador peso del esfuerzo continuado? Pues indudablemente… los Hábitos, la más efectiva palanca de transmisión de la Perseverancia al ser particularizables en función de los requerimientos de cada situación o tarea y además no necesitan de Fuerza de Voluntad ya que, una vez instalados en la costumbre, automatizan nuestro actuar.

En mis años de dedicación profesional como Business Coach, puedo asegurar que no he encontrado una fórmula de entrenamiento proactivo para mis clientes más eficiente que la que incluye la incorporación de Hábitos como grandes catalizadores de los procesos de cambio hacia la mejora personal. Hay quienes equivocadamente todavía consideran que el cambio es una cuestión básicamente de Fuerza de Voluntad, cuando realmente lo es de Perseverancia instrumentalizada en Hábitos, ya que es bien probado que nunca cambiaremos por impulsos sino por lograr garantizar el mantenimiento de los mismos sin cejar.

Quienes el domingo pasado finalizaron el Maratón de Valencia lo consiguieron por haber incorporado, meses o años atrás, el Hábito de correr casi todos los días. Afortunadamente yo también cuento con ese Hábito y pese a ser consciente del esfuerzo que ahora mismo me espera, a estas horas ya estoy deseando salir a entrenar…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro

Las dos mochilas de George Clooney

La mochila de George Clooney

Este artículo es políticamente incorrecto y reconozco avergonzadamente no haber tenido el valor de escribirlo antes de descubrir y poder contar con el cinematográfico aval de George Clooney, tras el que aquí (algo ventajistamente) me vengo a escudar. En esta vida, lo mismo, pero manifestado por personas diferentes, es valorado de forma muy distinta por los demás, lo cual no es nada justo, aunque hace tiempo que soy consciente de que, por ahora, esto es lo que hay.

En Up in the Air, George Clooney interpreta (afortunadamente algo más contenido de lo habitual) a Ryan Bringhman, un peculiar personaje cuya dedicación laboral es la de viajar incesantemente por todo su país (USA) comunicando (eso sí, de manera muy profesional) despidos empresariales en las compañías que le vienen a contratar. Pese a ello, el tipo cae bien al espectador, pues demuestra a lo largo de toda la película que, aun de forma quizás excesivamente aséptica, su honesto interés se centra en causar el mínimo dolor a los afectados ante una penosa situación que no ha sido decidida por él, pero que tiene que implementar.

Además, aprovechando su incansable peregrinar aéreo, Bringhman/Clooney se dedica en sus ratos libres a impartir conferencias sobre motivación (¡vaya paradoja!) por todo el país, una de las cuales se nos presenta en el filme y constituye el motivo argumental de este artículo. La escena (ver aquí) dura algo más de tres minutos y se divide en dos partes bien diferenciadas (cada una referida al dispar contenido de una mochila) e intencionadamente separadas por el plano de un avión aterrizando, en clara alusión metafórica a la movilidad como vehículo de avance personal.

La primera parte es la que sin duda suscribiría cualquier manual de autoayuda de esos que inundan las estanterías de la FNAC, en donde se postula la conveniencia de aligerar de bienes materiales el peso de nuestra metafórica mochila existencial para así caminar más ligero por nuestro trayecto vital. Nadie, en su sano juicio, podría negar que la carga de pertenencías físicas lastra la vida, ejerciendo de hipotecante limitador de las posibilidades de libre elección en cada momento y por tanto, de absoluto condicionador del desarrollo personal. Hasta aquí, lo políticamente correcto y que nadie osaría cuestionar.

La segunda parte es más comprometida y valiente, pues mantiene la descriptiva alegoría de la mochila repleta y cargada sobre nuestros hombros, pero cambia el contenido, llenándola esta vez de personas en lugar de cosas, para así llegar finalmente a la misma conclusión precedente: la dificultad de moverse y progresar.

El análisis y la valoración correspondiente a lo relacionado con esta segunda mochila recomiendo realizarlo prescindiendo de la alocución final de nuestro personaje (cuando menciona a los cisnes y a los tiburones), pues constituye un ejemplo comparativo propio, quizás de un tipo de cultura diferente a la nuestra y que traslada un juicio de valor excesivamente singular y quizás poco afortunado, que puede confundir y desnaturalizar lo esencial del mensaje inicial.

Por tanto, igualar como constitutivo de carga vital a las cosas y a las personas, llegando a la conclusión de que ambos pueden materializarse en frenos de nuestra vida, es una inusual declaración de principios, posiblemente compartida por muchos, pero seguramente silenciada también por aquellos que la acepten más en privado que en público, condicionados sin duda por su evidente e incómodo componente de incorrección social.

Sinceramente, ¿alguien sería capaz de proclamar convencida, pública y desvergonzadamente que, al igual que nuestros bienes materiales, nuestras relaciones personales pueden llegar a ser motivo de carga vital? George Clooney en Up in the Air sí… y sin ser objeto de condena popular.

¿Y si esta también fuera mi opinión personal…?

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro