¿Por qué… somos más indulgentes con los muertos que con los vivos…?
En general, toda persona muerta vale más que viva, a tenor de los mayestáticos elogios recibidos en su funeral. Alabar al finado es deporte nacional, por más que este no lo merezca en tal proporción sideral. Parece que la muerte ejerce de borrador penal y salvoconducto a la excelencia personal. ¿Será que no queremos premiar en vida para ser nosotros más…?
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