¿Cuál es el acontecimiento español que en los últimos días ha despertado más y mayores pasiones en la actualidad social?
Sin duda, todos aquellos que lean contemporáneamente esta entrada coincidirán conmigo en que se trata del formidable triunfo deportivo del F.C. Barcelona (¡Copa!…, ¡Liga!… y ¡Champions!), que ha escriturado para siempre al club catalán en la historia del fútbol universal y que nuestros nietos leerán.
Lo sucedido ha desatado desbordadas pasiones imposibles de ocultar. Todos hemos podido contemplar en los innumerables reportajes televisivos a los seguidores culés extasiados de fervor balompédico y entusiasmo sobrenatural. Pasiones que han adoptado múltiples formas de expresión, la mayoría de ellas, por exageradas en sus manifestaciones, solo explicables dentro de un contexto de transitoria histeria y enajenación mental.
En definitiva, ¡cuánta Fuerza generada por la Pasión y cuanta perdida!. Si, perdida porque se va.
Los espectáculos colectivos, que llegan a enervar el espíritu de las masas hasta cotas siderales, actúan como bombas atómicas generadoras de una energía casi sin límite que inmediatamente se disipa como una gota de tinta en el mar.
Y es que todos nosotros experimentamos dos tipos de pasiones en la vida: las reactivas y la proactivas. Las primeras vienen propiciadas por acontecimientos externos a nuestra persona que son protagonizados por otros y la Fuerza, en nosotros generada, vuelve a ellos en forma de admiración y apoyo personal (como el recibido por un equipo cuando juega en su localidad).
Sin embargo, las pasiones proactivas son las que nosotros mismos generamos al ilusionarnos por la consecución de nuestros propios deseos de avance y mejora en la vida, siempre personales e intransferibles y por tanto posibilitadoras de que su energía la podamos aprovechar.
Hoy en día, cuanto tanto se habla de eficiencia energética, nos olvidamos de fomentar esa que más nos interesa y beneficia: la energía vital que generamos al ser protagonistas de nuestra propia vida y que nunca encontraremos ni en la mejor de las finales de la Champions League que podamos disfrutar…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro







