Lo imposible… desde el sillón

Cada vez que leo unas declaraciones de actores, cantantes, escritores, modelos o presentadores de televisión que aseguran haber triunfado sin haberlo querido, buscado o trabajado, me lleno de la indignación propia de quienes no asumimos ser tratados como unos imbéciles a la búsqueda de la mentira mayor. Pero hay muchos que si lo creen, en la ilusión de que a ellos también les pueda suceder eso del éxito sorpresivo y gratuito que otros dicen obtener sin la más mínima intención.

Voy a poner un ejemplo, en esta ocasión relacionado con el aspecto físico: hacia finales de los sesenta, cuando el cuidado personal no tenía el protagonismo ni la difusión de hoy, me asombraba la excelente apariencia atlética de un Paul Newman ya maduro que nunca confesó el secreto de su vientre ajedrezado a los medios de comunicación. Como él, tantos otros y otras celebridades eran y son aconsejados por sus asesores de imagen en el misterioso silencio, pues bien saben que lo imposible vende más que lo que se encuentra al alcance de cualquier hijo de vecino que aspire a mejorar su condición. Veamos: si Paul Newman, casi cincuentón, conservaba un físico juvenil sin buscarlo sería porque estaba tocado por un divino don, lo que le hacía único y digno de admiración. Esto, sin duda, para su imagen pública era mucho mejor que confesar la práctica disciplinada de ejercicio, lo que le convertía en mortal y cercano a cualquier imitación.

Como el anterior hay muchos ejemplos que validan la irresistible atracción de lo conseguido sin tener que embarcarse en ninguna oposición. ¿Cuántas modelos top aseguran haber sido descubiertas por la calle cuando dicen que no eran conscientes de su valor? ¿Cuántos actores taquilleros relatan que acompañaron a un amigo a un casting y fueron ellos los elegidos sin llevar esa intención? ¿Cuántos escritores de éxito afirman que todo comenzó porque un familiar, en secreto y sin autorización, mandó un borrador a un concurso literario que luego fue el premiado ganador? Todos se declaran inocentes de un supuesto pecado del orgullo y la presunción.

Es evidente que, en general, cualquier manifestación de éxito profesional o personal que no revele el duro camino recorrido hasta su obtención suele ser considerada de mayor valor al presuponer un genio oculto que para sí quisiera cualquier lector. Llegar a conseguir lo difícil desde la engañosa facilidad de la inacción vende mucho más que la verdadera explicación: nada se obtiene sin un firme propósito, una adecuada planificación y un largo esfuerzo para cumplirla sin dilación.

Una vez más podemos comprobar el cautivador poder de convicción que para casi todos tiene lo imposible si se puede conseguir sentado desde el sillón…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro

DOS AÑOS YA…

Marathon-15% no es tan solo el relato de una particular historia de más de medio siglo de superación personal sino también la manifestación real de que, en la vida, no hace falta partir de un gran principio para llegar a un gran final. Muchas son las claves que nos pueden llevar a conseguir nuestros deseos y con ellos acercarnos más a ese concepto tan personal y difícil de explicar que es la felicidad, pero entre todas, las 115 que esta obra nos propone son las que mejor describen lo que en nuestra vida es más habitual y a la vez avalan un singular récord mundial…

“Letrasados”

En mi adolescencia, cuando desde aquella inconsciencia tuve que elegir el camino de estudios que debería marcar mi futura profesión, todo a mí alrededor me empujaba a contemplar las ciencias como el único que podía dignificar a mi persona ante los demás y además, preservarme de la ajena decepción. Entonces y más aun hoy, quienes optasen por las letras jugarían en una segunda división y mi ambición no podía aceptar mirar la espalda de los primeros, incluido en ese pelotón de los letrasados que asumían resignados su condición.

Pese a mi formación de ciencias hoy trabajo con la palabra, hablando y escribiendo, meditando sobre aquello que los números no alcanzan a definir del todo porque la vida es algo más que un camino trazado solo con regla y cartabón. Soy muy racional, lo confieso, por eso las letras me han ganado el corazón. Necesito explicar con vocablos lo que no puedo demostrar con cifras, aunque para ello deba asumir a menudo los malos entendidos o incluso mi propia equivocación. Pese a todo, no creo estar retrasado por confiar en el literal poder de la reflexión.

Las humanidades han perdido el protagonismo que ganaron durante muchos siglos cuando, para el mundo, el conocimiento del espíritu del hombre era una cuestión de prioridad mayor. A partir de La riqueza de las naciones (Adam Smith-1776) todo esto gradualmente cambió y el imperio de la economía logró que el ser cediese ante el tener, que la vida se midiese monetariamente por la capacidad de acumulación. La sociedad premió el enriquecimiento material castigando el filosófico-mental y hacia esto se orientó la educación. Hoy los jóvenes estudian lo que más y mejor les pueda solucionar la vida, tanto les guste como no. Las letras nunca aparecen en los requisitos formativos de los anuncios de empleo, toda una declaración anticipada de su más que probable pena de muerte en no más de una generación.

Es cierto que para contar el dinero hay que saber de números pero, sea mucho o poco, para disfrutarlo es imprescindible comprender lo que a la vida le da sentido y emoción…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro