¿Todas las vidas valen igual…?

Aunque pueda parecer un asunto medieval, todavía hoy, en el año 2017, parece que siguen valiendo distinto las vidas de los individuos en función de unos criterios muy subjetivos que están reñidos con la ecuanimidad, por lo que eso de la igualdad de las personas aún queda muy lejos de ser una realidad incluso en el momento de su fallecimiento, cuando objetivamente todos somos igual.

Vaya por delante que en cuestión de asesinatos y homicidios, cualesquiera sea su variedad, soy tan acusador como el que más. Arrebatar la vida a una persona me parece el acto más condenable que hay, sea quien sea y por los motivos que fueran y que nunca en la historia de la humanidad nadie podrá justificar. Así las cosas, yo me pregunto… ¿vale más la vida de una mujer estrangulada por su marido que la de un varón acuchillado por un ladrón, la de un joven asesinado en una reyerta vecinal o la de un homosexual muerto a golpes por su pareja sentimental…? Pues parece ser que sí, a tenor de la significación especial que les dan los medios de comunicación, cada día sin faltar, a los asesinatos de género (femenino) respecto de todos los demás.

En 2016 se cometieron en España 292 homicidios de los que 44 (15%) fueron atribuidos a violencia de género, los únicos que salen reiteradamente mencionados en las portadas de los periódicos, la radio, la televisión y hasta en la publicidad. ¿Quién se acuerda de las otras 248 personas (85%) también fallecidas a manos de verdugos de lo irracional…? ¿Son de un valor menor y por ello se les debe ningunear…? ¿Qué intereses se esconden en esta discriminación informativa que no trata a todas las víctimas de la violencia asesina por igual…? ¿Alguien me podría argumentar porqué la vida de una esposa o novia vale más que cualquiera otra de las que desgraciadamente se pierden por la absurda demencia de un criminal…?

Nada hay que me pueda molestar más que el agravio comparativo, esa desviación de la imparcialidad que otorga privilegios a quienes son igual que los demás. Porque ninguna vida puede valer, ni vale más…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro

La TV o la parálisis del sillón

Un aparato de televisión apagado vale tanto como el tiempo que nos ahorra en su visualización o lo que es mejor, vale lo que nuestra inteligencia es capaz de generar libre de toda sedación.

Hay muchos relatos y películas de ciencia-ficción que plantean un mundo donde las personas son gobernadas por un ente superior que, en un alarde de capacidad colectiva de hipnotización, consigue que piensen y actúen todas de una misma manera, anulando su capacidad de decisión. Hoy esto ya no es ciencia y mucho menos ficción. La televisión ejerce de dios barrenador de cualquier intento de actividad neuronal que no sea la de la aceptación zómbica de su visión. La televisión centrifuga la razón y amordaza la actuación, por lo que tiene un coste mucho mayor que el de su mero consumo y es el de la desactivación de nuestra proactividad tras apagar el televisor. La televisión nos manda aun cuando no estamos sentados en el sillón.

Dos horas al día de televisión son 7,5 años de una vida gastados sin que valga ninguna explicación. Totalmente perdidos y no por alguna obligación, sino por nuestra libre decisión. Más de un 8% de nuestra existencia tirado al contenedor de una basura llena de lo único que no se puede comprar ni vender, porque el tiempo es un tesoro sin posibilidad de enajenación.

¿Qué hace a la televisión ser plenipotenciaria gobernadora de nuestro salón? Pues… la parálisis de unas mentes que prefieren ser espectadoras de otras biografías en lugar de escribir su propio guión, la costumbre de finalizar el día eludiendo el compromiso con la propia superación, la resignación a que lleva un mundo que está perdiendo su ilusión en un futuro mejor y en fin, el estar leyendo este artículo y no tomar ya una decisión…

Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro