“La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece”
Philip K. Dick

En estos días se han presentado ante los medios de comunicación las nuevas equipaciones que el Valencia Basket Club lucirá durante la temporada baloncestística 2011/12, que ahora comienza. En ellas y de forma muy inhabitual, se ha renunciado a incluir el nombre de cualquier patrocinador por estampar un eslogan independiente: Cultura del Esfuerzo.
En un contexto de dificultad económica como el que nos contempla, es evidente que la pérdida de ingresos publicitarios a que obliga esta decisión debe haber sido muy bien meditada, entendiendo que los presuntos beneficios producidos por el efecto de este lema impreso en las camisetas serán superiores a los fondos que se hubieran podido recabar de aceptar algún patrocinio al uso (Pamesa y Power Electronics fueron los últimos).
Desde luego, cualquiera podría albergar sus dudas sobre la conveniencia de esta decisión de no saber que detrás del Valencia Basket Club se encuentra Juan Roig, el discreto propietario de la prolífica cadena de supermercados Mercadona, todo un referente empresarial de éxito creciente desde sus inicios en los años ´80 y que posiblemente, entre otras razones, deba ser atribuido a la consolidación de esa misma Cultura del Esfuerzo como eje argumental de trabajo en su modélica organización de distribución alimentaria.
Sin duda, si hay algún ámbito en donde más sentido tiene la aplicación de la Cultura del Esfuerzo es en el deporte de competición pues, en la mayoría de ellos, a la necesaria destreza para su práctica hay que unir el esfuerzo físico para su realización.
Pero, ¿ocurre lo mismo en otros ámbitos de la vida donde el esfuerzo físico no es tan determinante…?
Para responder a esta pregunta deberíamos concretar primero el concepto de Esfuerzo desde la vertiente humana, que algunos diccionarios definen como…
El empleo de elementos costosos (físicos, mentales o emocionales) en la consecución de algún fin
Así las cosas, es indudable que todos los días la vida nos ofrece una buena colección de retos en forma de exigentes tareas en las que no interviene de manera significativa el trabajo físico, pero si el mental o el emocional y cuya consecución está muy vinculada a la capacidad de generación de Esfuerzo.
Por otra parte, el término Cultura viene definido como…
El conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad se manifiesta
Llegados hasta aquí, la cuestión sería…
¿El Esfuerzo es un signo distintivo de nuestra Cultura?
En mi opinión, ¡NO!
Y desde luego al afirmar esto no puedo asumir que, por poner uno de tantos ejemplos, alargar la jornada laboral pueda considerarse Esfuerzo (pues en algunos países altamente desarrollados es sabido que se trabajan menos horas pero con un mayor aprovechamiento). Por tanto el concepto de Esfuerzo, más que ligado a la Eficacia (conseguir algo) viene determinado por la Eficiencia (conseguir algo con el mínimo coste), de tal manera que solo el esforzarse no será suficiente si su instrumentación no es la adecuada.
La progresiva facilidad con la que, en las últimas décadas, hemos podido tener acceso a algunas de nuestras metas y deseos nos ha instalado hoy en una adormecida zona de comodidad que ha derivado en un estado de total desentreno para asumir las exigencias de Esfuerzo que la realidad actual demanda a quien realmente quiere progresar.
El Valencia Basket Club busca convencidamente que en el equipo se instale la Cultura del Esfuerzo como una de las palancas determinantes para alcanzar el Éxito y para ello ha invertido recursos económicos en una simple frase, lo que demuestra su firme Creencia en el poder de la misma…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro
La única razón por la cual puedo escribir estas líneas es porque, en el origen de mi vida, acontecieron una serie de coincidencias genéticas que determinaron que yo perteneciera a la Especie Humana, la que más ha evolucionado de las que ahora pueblan este planeta, aunque esto se pueda cuestionar. Reconozco que he tenido mucha suerte pues esta circunstancia, totalmente fortuita y ajena a mis merecimientos, me ha permitido desarrollar una superior capacidad de raciocinio y emocionalidad que estoy obligado a utilizar de la manera más cabal.
No obstante, la realidad nos dice que esta posición de preeminencia parece no ha sido gestionada todo lo ética, generosa y honradamente que cabria esperar.
Si partimos de la consideración universalista de que todos los habitantes de la Tierra, con independencia de su coeficiente intelectual, debieran tener análogos derechos básicos en cuanto a seres vivos nacidos en ella, solo un rápido repaso por ciertas manifestaciones lúdico-festivas de la misma España (y seguro también de otros países) nos confirmaría la violación flagrante y constante de esta norma general.
Siempre he defendido, como ley distintiva de la evolución natural, que la misión de los fuertes frente a los débiles es la de ser más protectores que explotadores. Por esto, siempre denunciaré cualquier tipo de colonización humana que venga a privilegiar a unos respecto de otros por el arcaico poder de la fuerza animal. En este mismo sentido, baste solo formular una de las preguntas que mejor evidencian hasta donde hemos podido confundir, como especie Líder en la Naturaleza, nuestra responsabilidad:
¿Por qué mayoritariamente todos condenamos el maltrato a las personas pero no todos lo condenan respecto al resto de seres vivos de la Tierra…?
La respuesta sin duda viene determinada por el firme convencimiento de algunos que consideran que los derechos de las personas son superiores a los de los animales, quienes deben estar a nuestro servicio en una suerte de esclavitud que se viene a disfrazar muchas veces de indefendible tradición artístico-cultural. Terrible confusión que convierte al Líder en Tirano pues mientras aquel trata por igual, este maltrata para acentuar todavía más la desigualdad y para demostrar vanamente su muy discutible superioridad.
Parábolas cinematográficas como la presentada en la aleccionadora saga El Planeta de los Simios no hacen sino constatar esta misma realidad pero con los roles cambiados entre hombres y animales. Una situación que entonces sí a muchos, hipócritamente, llega a incomodar.
Es evidente que la Humanidad ha sido muy egoísta al preocuparse únicamente de firmar una endogámica Declaración Universal de Derechos Humanos, olvidando al resto de seres vivos que también merecen la suya y que desgraciadamente… todavía no pueden redactar…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro