¿Son los 65 la edad en que me debo jubilar…?

Esta inevitable pregunta se ha constituido en protagonista de mi última ascensión a la Bola del Mundo del pasado 17 de julio, atronando sin piedad y cada vez más mientras fatigado completaba kilómetros y kilómetros de ascensión casi vertical para acercarme poco a poco al deseado final.

Cuando tantos españoles suspiran por alcanzar esa reglamentada edad que permite descansar, parece que a mí no me quiere tocar y el año próximo lo volveré a intentar. Pero… ¿por qué no lo dejo ya? Tras más de 25 años sin faltar… ¿no merezco el sosiego y la tranquilidad? Quienes me conocen… ¿me lo podrían reprochar? y quienes no me conocen… ¿qué más les da?

¡Qué fácil sería dejarlo aquí!, cuando todavía lo puedo lograr. Pero que difícil es para mí abandonar este extenuante reto anual, que cada verano me llena de inquietud y me cuesta más. Un desafío anónimo, pues a nadie aviso de la fecha en que lo voy a intentar y solitario, al acometerlo sin asistencia alguna que me pueda ayudar. Ingente esfuerzo que solo yo me suelo recompensar, porque cada vez se lleva menos lo de felicitar a los demás.

En el año que cumplo los 65, no me quiero jubilar…

La Bola del Mundo: desde el anonimato hasta que lo permita mi capacidad

Hoy, víspera de mi 64 cumpleaños, la Vuelta Ciclista a España finaliza etapa en La Bola del Mundo (alto de Guarramillas a 2.265 metros). Los que sintonicen la retransmisión de Televisión Española, verán y escucharán a Carlos de Andrés y Pedro Delgado describir las imposibles rampas de esos terroríficos últimos 3,5 kilómetros y tratar de galácticos superhéroes a los ciclistas en el momento de coronar.

Tras un cuarto de siglo ininterrumpido corriendo cada verano de manera anónima e individual desde la Plaza Mayor de Segovia hasta La Bola del Mundo (y regreso), la ausencia de mayores reconocimientos no ha mermado mi determinación de seguir intentándolo hasta que lo permita mi capacidad física y mental…