Líder-tiones… 21

Capitulo III – El relato de Davis

(viene de Lider-tiones… 20)… Pero entonces apareció quien nadie sospechaba que pudiera cuestionar la fría lógica de nº4 y menos tumbar su seguridad. Fue nº9, el que se fijo en que a nº4 le molestaban las marcas que dejaban sus gafas en la nariz, las mismas que notó en la testigo principal, lo que implicaba que también las usaba como algo habitual menos en la cama, claro, justo cuando aseguró identificar al imputado en la persona del criminal. Hasta nº4 no pudo negar que ese testimonio también había perdido casi toda su credibilidad.

Consciente de la oportunidad que abría esta brecha en la línea de flotabilidad de la culpabilidad, de nuevo me dirigí a nº12 para solicitar su opinión que, compungido y desorientado, cambió a “no culpable” para luego callar. También lo hizo nº10, como cabía esperar. Tras ellos, nº4 parecía dudar y al preguntarle reconoció albergar ahora una duda razonable que le obligaba a rectificar. Solo quedaba nº3 y el muchacho se libraría de la pena capital.

A nº3 le ofrecí entonces la oportunidad de explicarnos sus argumentos en la seguridad del poder devastador que ejercería su incómoda soledad. Pero comenzó a hablar y su discurso, contundente y pasional, no mostró albergar ninguna debilidad. Conforme avanzaba en repasar todas las pruebas analizadas, cada una le parecía más firme que las demás. Expectantes, todos le escuchábamos en silencio aguardando algún final. Un final que resultó inesperado, provocado por la fotografía de su hijo que sacó de la cartera, contempló y que le vino a derrumbar. En un instante, su disfrazada consistencia se transformó en fragilidad por una caída libre en barrena emocional que explicaba el porqué de tanta animadversión a los muchachos de esa edad. La edad de su hijo y del culpado. La edad de su ser más amado, con el que ya no podía conversar y la edad de quien por eso mismo tenía que pagar. No pudo aguantar, se desmoronó y al fin llegó la unanimidad, marchándonos todos sin hablar más (FINAL del Capitulo III – El relato de Davis, de “La duda razonable”… libro de próxima publicación).

Re-flexiones… 2.131 (ciencias)

“La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. La ciencia no es nada más que un valor entre otros”

Edmund Husserl

Líder-tiones… 20

Capítulo III – El relato de Davis

(viene de Líder-tiones… 19)… Decantada por primera vez la balanza hacia la defensa de la duda razonable como criterio de prudencia y de responsabilidad, era el momento de volver a consultar, por lo que solicité otra votación. Nº12 y nº1 cambiaron su opinión y con ellos ya éramos nueve los que al muchacho le brindábamos otra oportunidad.

Tras esta votación, fue el carácter irascible de nº10 quien resquebrajó la paciencia de los demás cuando, contrariado por el resultado y llevado por sus aireados prejuicios condicionantes, vino a explotar con lacerantes improperios hacia la clase social del inculpado en un torrente de cruel e inaceptable descalificación, que finalizaría con su definitiva inhabilitación por parte de todos los que ya no queríamos escuchar más (hasta nº 4 tuvo que mandarle callar). Por mi parte no podía dejar que, aunque desacreditadas por los demás, las palabras de nº10 pudieran quedar libres de una enmienda que las hiciera del todo silenciar. Y así lo hice para recordar que, en este y en cualquier Jurado, solo el convencimiento total debía llevar a culpar. Convencimiento que todavía parecían albergar tres individuos y de ellos, a nº3 y nº4 invité a hablar, pues era claro que nº10 había quedado ya fuera de lugar.

A mi petición, nº4 respondió secundado por nº3, cuyo respeto subsidiario hacia él durante todo el juicio me incomodó hasta el punto de llegar a dudar de la independencia de su personalidad. El principal argumento en el que nº4 amparaba su decisión de no votar por la absolución se sustanciaba en el testimonio de la mujer que declaró ver el asesinato desde su ventana (al otro lado de las vías, mientras cruzaba un tren) y reconocer al acusado clavando una navaja en el pecho de su padre, tras lo cual la luz de la habitación se vino a apagar. No quise contestar por temor a errar, circunstancia de ventaja que aprovechó nº4 para presionar a nº12 preguntándole por su opinión. Opinión que cambió a culpable, lo que a muchos nos sorprendió y alarmó, pues suponía una involución que podía llegar a más de ser otros quienes transitasen también por ese indefinido camino de doble dirección al que les podía llevar su falta de seguridad. Ocho a cuatro y tocaba volver a remontar… (finalizará en Líder-tiones… 21).