“Junto a estar en lo cierto, en este mundo, lo mejor es ser claro y estar definitivamente equivocado”
Líder-tiones… 16
Capítulo III – El relato de Davis
(viene de Líder-tiones… 15)… Otra de las pruebas que había convencido a la mayoría de los presentes en la Sala de Vistas se basaba en el testimonio del anciano vecino del piso inferior, que manifestó haber escuchado al inculpado gritar a su padre que le iba a matar, lo que unido a la declaración de la mujer que aseguró haber visto el crimen a través de las ventanas de un tren circulando en ese momento, me condujo a intentar demostrar que con el intenso ruido producido por el convoy era muy improbable cualquier audición con garantías de fiabilidad. No fue fácil, en especial ante la presión que tuve que soportar por las múltiples interrupciones que los demás se empeñaron en provocar, más por boicotear mi razonamiento que por cualquier deseo constructivo de aportar. De todos, nº3 fue quien menos quiso aceptar mi argumentación, entre otras razones por no encontrar ninguna explicación válida que pudiera justificar el interés del testigo por falsear su declaración ante el Tribunal. Pero fue nº9 quien, desde su empatía con aquel declarante al compartir más o menos su edad, le contestó que las personas mayores a quienes nadie presta atención necesitan del protagonismo que situaciones como esta les pueden proporcionar, sin ser muy conscientes de las peligrosas consecuencias que sus actos lleguen a causar. Pese a que nº3 no lo quiso aceptar, esa prueba testifical quedo tan debilitada que ya no se volvió a mencionar.
En aquel instante, por sorpresa y sin que nadie lo tuviese que solicitar, nº5 cambió su voto a la no culpabilidad, lo que interpreté como una inesperada victoria de la asertividad, esa facultad que lleva a convencer sin confundir ni presionar. Mis reflexiones le habían movido a dudar y con él ya éramos tres, abriéndose las puertas para que otros también se lo quisieran cuestionar. Reconozco que, de nuevo, necesitaba algo como esto para continuar planteando con fuerza mis dudas a los demás, que ahora ya eran nueve, un número que confiaba en poder bajar.
Esta variación de voto y la incómoda perspectiva de que otros la pudieran continuar provocó que nº7 volviera a estallar. Creo recordar que hasta me tildó de embaucador exclamando que… “si nuestro amigo escribiese novelas policiacas se forraría” lo cual, tras dos publicadas y con los datos de mi contabilidad, le podría asegurar que no es verdad… (continuará en Lider-tiones… 17).
[P1]A valorar
Re-flexiones… 2.096 (certidumbre)
Re-flexiones… 2.095 (certidumbre)
Re-flexiones… 2.094 (certidumbre)
Re-flexiones… 2.093 (certidumbre)
Re-flexiones… 2.092 (censura)
Re-flexiones… 2.091 (censura)
Re-flexiones… 2.090 (censura)
Líder-tiones… 15
Capítulo III – El relato de Davis
(viene de Líder-tiones… 14)… Pese a los improcedentes intentos de algunos por desenmascarar al que calificaban como “traidor”, nadie lo descubrió hasta que él mismo nos lo quiso comunicar. Fue nº9 y a mí no me extrañó, pues no olvidaba aquella intervención en la que no quiso aceptar los reiterados prejuicios manifestados por nº10 como criterio válido para juzgar. Era muy posible que no considerase al incriminado inocente pero, como yo, admitía la duda razonable y ello le impulsaba a demorar este juicio a la espera de otros argumentos que le acercasen a la verdad. Como él mismo dijo: “quería oír más”. Además, se sentaba en la mesa a mi lado y creo que esta cercanía, física y también emocional, en algo tuvo que afectar. Nº9, con su valentía y su integridad, impidió una ejecución segura a la vez que de manera tácita me alentó para proseguir y no cejar. Por todo ello y por su anciana debilidad, durante el resto del proceso traté de apoyarlo protegiéndolo de los demás.
Creo recordar que tras esta votación accedí a los lavabos en donde me encontré, uno tras otro, con nº7 y nº6, lo que nos facilitó charlar con ese tipo de franqueza que se ampara en la privacidad. Consciente del peligro que suponía para la estabilidad del jurado aquella pueril obsesión de nº7 por acudir a su partido de béisbol se me ocurrió razonarle en términos de prioridad, en un intento de que alcanzase a diferenciar la trascendencia dispar de los dos compromisos entre los que tenía que optar, aunque me temo que no lo llegó a captar. Tras salir él entró nº6, quien me vino a preguntar a cerca de mi aparente seguridad en la inocencia del muchacho, a lo que solo pude responder desde una indefinida posibilidad. Posibilidad cuyo signo me quiso virar para trasladarme la responsabilidad sobre las consecuencias derivadas de que, siendo culpable, lo llegáramos a liberar. En aquel momento, una vez más, el riesgo asumido en forma de angustiosa duda me vino a visitar.
Al volver a la sala pude constatar, estupefacto, en lo que estaba degenerando aquel jurado popular: algunos, entre los que se encontraba el propio Presidente, sonreían despreocupados jugando al “tres en raya” y entonces no me pude dominar, arrebatándoles con firmeza el papel de la vergüenza en que se había convertido aquel Tribunal. Por no ser el Presidente, una vez más tuve que sobrellevar con templanza algún que otro insulto de quien no quiso aceptar este correctivo de alguien sin atribuciones administrativas para gobernar… (continuará en Líder-tiones… 16).










