“En el amor todo ha terminado cuando uno de los amantes piensa que sería posible una ruptura”
Paul Charles Bourget


Que lo inusual pueda tener interés no lo voy a negar, pero todo en su justa medida y sin exagerar.
Nunca he participado de esa inexplicable pasión por los cuerpos celestes, presentes en nuestra vida como un mudo decorado de ciclo repetitivo que día y noche parecen ser siempre igual, sin hacerse notar. No miro al cielo porque ya me lo sé una barbaridad y prefiero buscar en la vida la originalidad.
El hacerse de noche durante el día no aporta ninguna novedad visual a lo conocido (distinto sería que el cielo mostrase un dibujo ajedrezado o un color inhabitual) y de lo referido a fenómenos extraños en personas o animales vale más no hablar. Que se hayan instrumentado artilugios sonoros para que los invidentes participen de esta locura general lo dice todo respecto de hasta donde vamos a llegar.
Solo la excepcionalidad centenaria justifica salir a dar un tranquilo paseo por la ciudad, pero no más. Viajes a lugares muy lejanos, carísimas reservas en hoteles aprovechados o compra compulsiva de sofisticado material óptico, da buena cuenta de lo que es navegar sin timón por el rio comunicacional que nos lleva y retrata nuestra voluble personalidad…
¿Por qué… no existirían las religiones si no existiese la muerte?
El origen de las religiones viene determinado por la necesidad de explicación a todo lo que la ciencia era incapaz. Mucho de ello lo sabemos en la actualidad, pero hay algo que quizás sea lo último en descifrar: la Muerte como destino final. Cuando, a ciencia cierta, sepamos que hay (o no) más allá, las religiones perderán su fundamento consolador y desaparecerán…