Si, vivo sin Esperanza y esta es mi elección convencido de apostar por el mejor camino, pero también comprimido por la responsabilidad y el esfuerzo que supone renunciar al azar.
No voy a darle muchas vueltas a la justificación de este posicionamiento vital que puede extrañar y por supuesto despertar una compasión que no me apetece aceptar.
Vivo sin Esperanza o lo que es lo mismo, sin esperar.
Sin esperar a que aparezca el trabajo ideal, sin esperar a encontrar a la compañera de mis sueños, sin esperar a adelgazar ese kilo de más, sin esperar a la presencia de nuevos amigos, sin esperar a escribir la nueva entrada de mi Blog personal, sin esperar a ser agraciado por la lotería nacional, sin esperar a que el Valle del Jerte en flor me venga a buscar, sin esperar a escuchar una buena opera, sin esperar a la primavera para tenerme que alegrar, sin esperar a felicitar cuando alguien lo merece, sin esperar a leer ese libro que siempre está esperando su oportunidad, sin esperar a conocer lo que no se, sin esperar a que me conozcan los demás, sin esperar a mejorar mi ingles, sin esperar a salir de la crisis mundial, sin esperar a tener que envejecer para descansar, sin esperar a saludar, sin esperar a… sin esperar a tener que todo esto esperar. Sin esperar.
Sin esperar, en fin, a ser quien pretendo ser, sin esperar que sucedan los acontecimientos que deseo y puedo lograr. Porque quiero buscarlos y acercarme yo a ellos, tomando las riendas de un destino propio con ánimo, confianza, compromiso y actuación personal.
¡Vivo con decisión!, asumiendo el posible error con honestidad…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro


