La frivolidad es como esas comidas que te llenan mucho y a las dos horas ya tienes el hambre de un glotón.
Cuando conoces a una persona frívola, hasta que la descubres te deslumbra, para luego dejarte un vacío que no admite reparación. La frivolidad es esa capacidad de algunas personas para mantenerse siempre en la superficialidad de los acontecimientos vitales, añadiendo un toque de pretendido elitismo a todas sus actuaciones sin ningún tipo de pudor.
Todos somos frívolos en algún momento de nuestras vidas, aunque la mayoría se da cuenta y retrocede, porque vivir con los pies en el aire no es nada práctico y además genera un nido de confusión.
El fenomeno actual de las redes sociales es un gran generador de frivolidad al facilitar la construcción de falsas personalidades a la carta, amparadas siempre por el anonimato de las comunicaciones electrónicas y la predisposición que tienen los navegantes para creerlo todo sin discusión.
Construir una personalidad falsa es gratis y en ocasiones hasta ventajoso, siempre que eludamos la responsabilidad de considerar a los demás como no merecedores del engaño, burla y extorsión. Ser frívolo en internet no es menor pecado que en la vida real, porque siempre hay alguien tras sus palabras que optó por la sinceridad en lugar de la adulterada seducción…
Saludos de Antonio J. Alonso Sampedro


